La desolación de Obama

Continuando con la tradición política estadounidense, Obama ofreció el pasado martes su particular visión del estado de la Unión en una sesión conjunta del Congreso de los EE.UU. En su mensaje Obama expresó su deseo de encontrar puntos de encuentro con los Republicanos, sin dejar de amenazar con usar órdenes ejecutivas si no existiese tal posibilidad de entendimiento. El discurso estuvo igualmente marcado por las perspectivas que las ‘Mid-term Elections’ de noviembre pueden tener tanto para el presidente, como para los Republicanos.

 

El pasado martes, el presidente Obama en su quinto discurso del estado de la Unión (SOTU en sus siglas inglesas) quemaba parte de los pocos cartuchos que todavía le quedan para enderezar el rumbo político de los Estados Unidos. Hastiado de la inacción republicana para desarrollar acuerdos bipartidistas, amenazaba, más desde el desamparo que desde la exigencia, gobernar mediante órdenes ejecutivas soslayando la opinión del Congreso. Parecía el presidente Obama querer emular a otros grandes POTUS, como Lincoln, cuyas órdenes ejecutivas llegaron a suspender el derecho de Habeas Corpus en 1861. Soplaban, entonces, tiempos de guerra en los Estados Unidos y Lincoln se preguntaba si someter al Congreso ciertas medidas, y salvaguardar la Constitución, era mejor que preservar la Unión.

Por su parte, Obama se enfrenta a un problema que es doble: la baja popularidad que mantiene entre la opinión pública estadounidense y la posibilidad de perder la mayoría simple que los demócratas tienen en el Senado. Lo primero puede pasarle factura cuando, con el tiempo, se estudien sus logros y fracasos como el hombre más poderoso del mundo -algo que no pasaría de ser un mero dato histórico en los anales de los historiadores políticos. Lo segundo significaría que las posibilidades de desarrollar acuerdos con el poder legislativo durante los dos años que le restarían de mandato, tras la constitución del nuevo Congreso en 2015, serían casi nulas. Ambas ideas estaban implícitas en las palabras del presidente, pues Obama sabe que los próximos meses van a ser fundamentales para, al menos, mantener el Senado en manos demócratas.

Es por esto que el discurso de Obama también estuvo marcado por referencias bipartidistas, como el reconocimiento que representantes y senadores dispensaron a Cory Remsburg, un ranger del ejército ciego de un ojo y casi paralítico a causa de una bomba en Afganistán. O la necesidad de reformar las leyes migratorias para que Estados Unidos siga siendo el sueño de futuro y esperanza para millones de indocumentados. Sin olvidar los muchos guiños que el presidente hizo a los votantes que le llevaron a la Casa Blanca en 2008 y 2012: mujeres, homosexuales, jóvenes, y minorías. A punto de convertirse en un ‘lame duck’, el discurso del presidente volvía a recordar al Obama del ‘Yes we can.’ Aquel abogado que, siendo hijo de madre soltera, pudo convertirse en presidente de la nación más poderosa del mundo.

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