Las aventuras de Obama en la India

Las aventuras de Obama en la India

Con una visita presidencial de 3 días repleta de pompa y circunstancia, la Casa Blanca impulsa las cada vez mejores relaciones de Estados Unidos con la India pero sin perder nunca de vista a China.

Una comitiva de medio centenar de vehículos, salvas de 21 cañonazos, escolta de caballería, distinciones sin precedentes, llamativa familiaridad… La India ha combinado estos días una parte de su mucho exotismo y todo el sentido ceremonial heredado de los británicos para recibir a Barack Obama, el único ocupante de la Casa Blanca que ha realizado dos viajes oficiales a ese gigante asiático durante su presidencia. Tanto Estados Unidos como la India han presentado la visita de tres días a Nueva Delhi como un símbolo de las cada vez mejores relaciones bilaterales, después de acumular varias décadas de recelos y tensiones en buena parte por el respaldo de Washington hacia Pakistán.

Para ilustrar ese cambio de rumbo, Obama ha recibido el honor de ser el principal invitado al elaborado desfile del 26 de enero o Día de la República, festividad que celebra la entrada en vigor de la Constitución de 1950 que después de la partición sirvió para completar la transición democrática protagonizada por la India de colonia británica a república independiente. En ese alarde militar, repleto de pompa y circunstancia, han participado aviones Sukhoi-30 y carros de combate T-90. Recuerdos de la estrecha relación que la India ha mantenido con Moscú desde los tiempos de la Guerra Fría a pesar de su historial de liderazgo entre los países no-alineados.

La Administración Obama ha dejado claro que, aprovechando la creciente sintonía con el gobierno del primer ministro Nerendra Modi, Estados Unidos quiere competir por una parte sustancial de los presupuestos militares de la India. Durante la visita, los dos países han renovado por diez años su pacto de defensa, con un especial interés en cooperación tecnológica sobre motores jet y portaaviones. Además de un proyecto para producir conjuntamente pequeños drones de observación.

La visita de Obama también ha servido para estrechar lazos en materia de tecnología nuclear y profundizar en el acuerdo alcanzado por el presidente Bush en 2006 para superar las sanciones impuestas tras la proliferación nuclear de la India confirmada en 1998. Tras cinco años adicionales de bloqueo por cuestiones de responsabilidad en caso de accidentes, la India se ha mostrado dispuesta a permitir la construcción de centrales nucleares por parte de empresas de Estados Unidos.

Sin olvidar, una serie de iniciativas menores para reducir emisiones contaminantes con impacto en el cambio climático del planeta. La India es el tercer mayor contaminador global, después de Estados Unidos y China, pero se niega a recortes concretos de emisiones por la necesidad de reducir la pobreza entre sus casi 1.300 millones de habitantes.

En el terreno de los símbolos y las ideas, Obama también ha esparcido flores en el memorial con las cenizas de Mahatma Gandhi en Raj Ghat. Para el presidente, al igual que otros líderes afroamericanos de Estados Unidos, Gandhi ha sido una referencia fundamental. Además, Obama ha incluido en su agenda un comentado discurso sobre los problemas que arrastra la India en materia de derechos humanos, incluida la igualdad para las mujeres y la tolerancia religiosa. En este sentido hay que recordar que en 2005 el Departamento de Estado llegó a revocar el visado de Modi por no haber hecho lo suficiente en los disturbios sectarios del año 2002 en el Estado de Gujarat donde era ministro principal.

Dentro de este reencuentro entre Estados Unidos y la India no hay que olvidar el papel de China, que mantiene complicadas relaciones tanto con unos como con otros. Está claro que para la Administración Obama, sintonizar con el gobierno de Nueva Dehli -y la mayor democracia del mundo- encaja dentro de los esfuerzos diplomáticos en curso por lograr una mayor influencia en aquella parte del mundo (el famoso “Asia pivot”). Para la India, dentro de este juego a tres bandas, resultan especialmente problemáticas las maniobras y el expansionismo de China en el Índico y en la frontera compartida de los Himalayas.

Para que esta ofensiva diplomática de la Administración Obama tenga un verdadero éxito, el ocupante de la Casa Blanca cuenta con una ventaja hasta ahora muy poco utilizada: los tres millones de indios que viven y trabajan en Estados Unidos. Esa diáspora está encabezada por empresarios de éxito, intelectuales y personajes con influencia política y financiera que pueden profundizar y facilitar estas mejoradas relaciones. Para hacerse una idea, la India es el origen de tan solo un 2 por ciento de las importaciones de Estados Unidos y el destino de un 1 por ciento de sus exportaciones. A partir de este comienzo simbólico, queda todavía mucho por hacer.

Escrito por Pedro Rodríguez, profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva.

Pedro Rodríguez

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Pedro Rodríguez es profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fulbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.
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Pedro Rodríguez es profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fulbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.

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