Día de muertos

Día de muertos

Celebrar Día de muertos es parecido a cocinar mole, una salsa muy tradicional hecha en México con un sinnúmero de ingredientes, entre los que incluyen chocolate y diferentes variedades de chiles picantes que se come con pollo o guajolote. Las recetas tradicionales de mole varían mucho de región a región. Como resultado de esto la gente usualmente pregunta por la mejor receta. Muchas veces la respuesta es: “la mejor receta es la de mi madre”.

Con respecto a la celebración de Día de muertos, noviembre 1 y 2 de cada año, opino que es como el mole. Va a depender de la región de México o Guatemala de dónde la gente sea oriunda y, también, varía de familia a familia. Muchos lugares en México celebran Día de muertos y cada lugar, aunque existe un tema común entre regiones, tiene un sabor único, detalles y características propias.

Ahora bien, revisemos de manera general el concepto de Día de muertos. Mi entendimiento del tema está basado en mis propias experiencias cuando celebraba Día de muertos en México durante mi niñez y hoy lo traduzco a los Estados Unidos para celebrar Día de muertos.

Día de muertos es una celebración ancestral para honrar a los seres amados que nos han dejado. No es una celebración espeluznante sino una manera de recordar y celebrar a los difuntos. Viene tanto de las cosmogonías de muchos grupos indígenas, las culturas precolombinas de México, como de las de los Estados Unidos, los American Indians. Este concepto indígena-mexicano de la muerte es sólo otra etapa en el ciclo de la vida. Personalmente creo que es una manera muy saludable de acercarse a la muerte, muchas veces, evitada en nuestras conversaciones cotidianas.

Mirando en retrospectiva no cientos sino miles de años, varios grupos indígenas de México solían celebrar Día de muertos antes de la llegada de Colón a América. Obviamente no se llamaba Día de muertos sino que era una manera de acercarse a la muerte con respeto y se reflejaba en sus mitos y celebraciones. Estaba relacionada con la última cosecha del año, la tierra que se adormecería con el invierno, la recolección de semillas y el renacimiento de éstas en la primavera. Una visión del mundo dual, vida-muerte, prevalecía en muchas de las culturas originarias de las Américas y se manifestaba en muchos de sus ritos. Entre esas culturas estaban los aztecas en una significativa zona que se extendía en la mayor parte de lo que ahora conocemos como México y Guatemala. Hay que tener en cuenta que los aztecas eran el imperio gobernante antes de Colón. Otros grupos importantes incluyen los zapotecas en el estado de Oaxaca, los purépechas en el estado de Michoacán y los mayas en el sur de México y Guatemala.

Con la llegada de los españoles y el catolicismo esta tradición ancestral se fusionó con el Día de todos los santos creando un sincretismo cultural y religioso que hoy en día entendemos como Día de muertos en México, Guatemala y en las comunidades chicanas de los Estados Unidos. Por ejemplo es muy común encontrar un crucifijo o imágenes de santos en un altar de Día de muertos junto a un platillo tradicional de comida mexicana o chicana como los nopales.

También es esencial entender que hay múltiples influencias regionales e interpretaciones de la celebración de Día de muertos. Por ejemplo, en la región de Xalapa, Veracruz se usa papel picado—en lugar de un mantel—generalmente para cubrir la mesa del altar. Eso también lo extiendo a la creación de mis altares en Estados Unidos.

En contraste, en el mismo estado de Veracruz pero en la zona norte montañosa, lo que siempre se usa es un elaborado mantel bordado a mano, es decir un mantel hecho de tela y no de papel. Entonces hay que tener en cuenta que las celebraciones mejor conocidas para Día de muertos en los Estados Unidos están definitivamente influenciadas por las diferentes regiones de México y/o Guatemala. Por esta razón, yo uso papel picado en mi altar de muertos, tomado de las tradiciones de mi niñez en Xalapa y trasplantado a mis tradiciones actuales en los Estados Unidos, como muchos otros latinos y chicanos.

Aquí en los Estados Unidos, personalmente, comienzo a pensar en Día de muertos a finales de septiembre. Por alguna razón el principio del otoño me trae recuerdos de mi niñez en México. Todavía puedo escuchar la voz de mi madre diciendo –ya se siente el viento de Día de muertos, ya huele a tamales. Hay algo en el aire que me dice que ya es tiempo de comenzar la planificación de este día mágico. Uno de los muchos elementos en la celebración de Día de muertos es un altar con un arco de flores, cempasúchiles. Mi reacción inmediata es cómo puedo reemplazar las cientos de flores en mi altar para Día de muertos, ya que la temporada de cempasúchiles no es en noviembre en la mayor parte de Estados Unidos. Mi respuesta es una práctica: flores de papel.  Mis manos literalmente comienzan a moverse como mariposas. El color amarillo es otro elemento importante, ya que en la tradición azteca el amarillo representa el color de la muerte.

Una vez terminado el arco, continúo con el papel picado. Colores vibrantes, rosa mexicano, anaranjado, amarillo, verde, azul y rojo son, usualmente, mi selección. La idea es tener una atmósfera festiva para honrar a los difuntos.

Comienzo el altar con una mesa sin nada.  La cubro con papel picado en lugar de un mantel, después coloco el arco con las flores de papel en la pared o sobre la mesa. El arco simboliza la frontera entre el aquí y el allá. Los siguientes pasos son sencillos, usualmente pienso en alguien a quien quiero dedicar y honrar con el altar. Pongo una fotografía de esta persona en el altar también.  A continuación incluyo fruta, comida preparada, bebidas y algunos objetos favoritos de la persona a quien esté honrando.  Mientras honramos a nuestro ser querido, éste viene en espíritu por tan solo una noche y disfruta de los aromas de sus platillos favoritos, dulces tradicionales, bebidas, flores y pan de muerto. Luego agrego algunos elementos extra: velas, más cempasúchiles o sus pétalos en el altar, calaveras de azúcar, copal y objetos personales de la persona a quien dedico el altar. Por ejemplo, algún libro favorito, una pluma o hasta algún juguete pequeño. Finalmente enciendo tanto las velas como el copal para ayudar a guiar el camino de regreso a casa de nuestro ser querido.

Los últimos tres años he colaborado con el Smithsonian Latino Virtual Museum para las celebraciones de Day of the Dead de manera virtual.  He tenido la fortuna de seleccionar e investigar sobre figuras históricas, crear un poema o un cuento, proveer de información detallada al equipo de trabajo del Smithsonian LVM para que ellos diseñen un avatar de la figura histórica que seleccionamos para cada año. Hemos creado avatares de La Llorona, La China Poblana y este 2015 estamos trabajando con Macuilxochitzin, poeta y princesa azteca y uno de mis poemas, “Tejedora de palabras / Weaver of Words” ha sido seleccionado para promover a Macuilxochitzin.  Este poema es parte de mi nuevo poemario, Ocelocíhualt (Mouthfeel Press, 2015) que fue escrito con la ayuda Nebrija para creadores de 2014. Nuestra celebración virtual para el Smithsonian LVM es otra manera en que los chicanos y latinos en los Estados Unidos celebramos Día de muertos.

Xánath Caraza

Xánath Caraza

Viajera, educadora, poeta y narradora.Su poemario Sílabas de viento / Syllables of Wind recibió el 2015 International Book Award de poesía.También recibió Mención de Honor en la categoría poesía en español para los 2015 International Latino Book Awards.Su poemario Conjuro y su colección de relatos Lo que trae la marea / What the Tide Brings han recibido reconocimientos nacionales e internacionales.Caraza recibió la Ayuda Nebrija para Creadores de 2014 del Instituto Franklin-UAH.Sus otros poemarios son Noche de colibríes, Corazón pintado y Ocelocíhuatl.Caraza escribe para La Bloga y para la Revista Zona de Ocio.También escribe la columna “US Latino Poets en español”. Enseña en la Universidad de Missouri-Kansas City y es miembro del Círculo de consejeros, Con Tinta, una organización literaria chicana/latina en los Estados Unidos de Norteamérica.
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Viajera, educadora, poeta y narradora. Su poemario Sílabas de viento / Syllables of Wind recibió el 2015 International Book Award de poesía. También recibió Mención de Honor en la categoría poesía en español para los 2015 International Latino Book Awards. Su poemario Conjuro y su colección de relatos Lo que trae la marea / What the Tide Brings han recibido reconocimientos nacionales e internacionales. Caraza recibió la Ayuda Nebrija para Creadores de 2014 del Instituto Franklin-UAH. Sus otros poemarios son Noche de colibríes, Corazón pintado y Ocelocíhuatl. Caraza escribe para La Bloga y para la Revista Zona de Ocio. También escribe la columna “US Latino Poets en español”. Enseña en la Universidad de Missouri-Kansas City y es miembro del Círculo de consejeros, Con Tinta, una organización literaria chicana/latina en los Estados Unidos de Norteamérica.

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