Los acuerdos militares hispano-norteamericanos: las bases militares

Los acuerdos militares hispano-norteamericanos: las bases militares

Los acuerdos militares gozan, tradicionalmente, de una gran estabilidad. La razón es que su firma requiere no sólo que no existan conflictos entre las partes, sino también de una comunidad de valores, de intereses vitales, de una visión compartida y hasta de una amenaza común. Además, los acuerdos militares tienden a expandirse y alcanzar nuevos ámbitos: económicos, industriales, sociales, tecnológicos…. Y resisten mejor que ningún otro los envites y avatares que sufren las relaciones comunes, ayudando eficazmente a su recuperación tras su tensionamiento. Son, a fin de cuentas, expresión de políticas de Estado lo que garantiza su continuidad en el tiempo y están por ello ligados a la fiabilidad. Se trata pues de proyectos a largo plazo: nadie dota de bases o de tecnologías a un país que pueda a corto o medio volverlos en su contra.

Un buen ejemplo de ello son los acuerdos hispano-norteamericanos firmados en 1953 y que sirvieron entonces para la legitimación del régimen anterior, posibilitando su retorno a la esfera internacional. Su renovación se produjo en 1976 con rango de Tratado Internacional tras la instalación de la Monarquía y fueron reformulados nuevamente como Acuerdo en 1982 después del ingreso de España en la OTAN; se incluía en este último, y por primera vez, una relación de instalaciones norteamericanas en nuestro país.

 En 1989 fueron nuevamente renegociados conforme al mandato recibido tras el referéndum de 1986 con el que se confirmaba la presencia española en la OTAN y que implicaba en paralelo una reducción de la presencia norteamericana en nuestro país. Esta quedó consignada a las bases de Morón y Rota, bases de soberanía española en las que las autoridades norteamericanas son responsables de las fuerzas a su cargo.

No obstante, tras la Declaración Conjunta de 2001 el rango de actividades se vio ampliado y la situación revirtió nuevamente hacia su estadio anterior. El Protocolo I al Tratado de 1986 implicó, entre otras cosas, el incremento y mejora de las instalaciones militares con que estaba dotada la base de Rota, el Protocolo II implicó a España en el Escudo Antimisiles de la OTAN con el establecimiento de cuatro destructores AEGIS en Rota. Y el Protocolo III supuso, tras el asesinato en 2012 en Bengasi del embajador norteamericano en Libia, la ampliación de las capacidades norteamericanas asentadas en Morón con una fuerza dependiente del Mando para África capaz de proyectarse en menos de 9 horas a 1.500 kilómetros de distancia para acciones tales como acometer el refuerzo de embajadas, la evacuación de no-combatientes, la recuperación aeronaves,  la asistencia humanitaria o la respuesta frente a desastres.

Y es que el destino de un país se encuentra escrito en su geografía. España, por su posición y las condiciones de seguridad con que cuenta, ofrece una excelente plataforma de proyección al Mediterráneo y al Atlántico del que estas dos bases son expresión así como un estadio intermedio en el tránsito desde el continente americano hacia Oriente Medio. Sus capacidades son puestas a disposición de un aliado no por un alquiler sino para el mutuo beneficio.

La base aeronaval de Rota construida en 1953, ocupa una superficie de 24.280.800 m2., dispone de tres muelles activos con capacidad para el atraque de hasta 24 buques, 426 edificios y 806 casas residenciales. La convergencia de instalaciones navales (con capacidades anfibias) y aéreas acrecienta las posibilidades estratégicas de una base que cuenta con unos 5.000 militares españoles y mil civiles, así como de unos 3000 militares norteamericanos, 250 civiles y 1300 civiles españoles.

La base aérea de Morón construida en 1941 dispone de una de las pistas de aterrizaje más larga de Europa y cuenta con una zona almacenamiento material y aviones de más de 48,7 millones m3, lo que la convierte en un importante hub logístico. Utilizada tradicionalmente por España para la Defensa Aérea y la patrulla marítima del flanco Sur, esta base recibe de promedio en torno al 30% del tráfico de transporte aéreo norteamericano en la región. Además cuenta con el único centro operativo (telescopio) instalado fuera de los Estados Unidos del Sistema de Vigilancia Electro-Óptica del Espacio Profundo Basado en Tierra (GEODSS) cuya finalidad es la vigilancia y el control de satélites. Tanto Rota como Morón dan apoyo a la NASA.

Tras la firma del Protocolo Tercero al Convenio de 1989,  España permitirá a Estados Unidos ampliar el número de tropas desplegadas en la base sevillana hasta un máximo de 2.200 militares, 500 civiles y 26 aeronaves.

Como puede apreciarse el binomio Rota – Morón es un pilar estratégico en la defensa de occidente, punto intermedio para los desplazamientos norteamericanos al entorno mediterráneo y plataforma de proyección situada en un entorno seguro en los aledaños de África, que sin afrontar condiciones meteorológicas adversas que limiten su operatividad ni quedar consignada en aquel mar, también lo protege y permiten proyectar fuerzas a lo largo del Norte y poniente del continente africano haciendo que otras bases de la zona como Gibraltar pierdan relevancia e interés.

Las recientes visitas del Secretario de Estado Kerry y del Secretario de Defensa Hagel a nuestro país y las del Rey a Estados Unidos son pruebas de la vigencia y relevancia de la alianza así como de la buena sintonía entre ambas naciones. Y las bases de Rota y Morón contribuyen singularmente a ello.

Federico Aznar

Federico Aznar

Analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) y profesor del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). Capitán de Fragata de la Armada, licenciado (UNED) y Doctor (UCM) en Ciencias Políticas y de la Administración. Especialista en Religión, Cultura y Civilización Islámica y en relaciones de España con el Norte de África. Diplomado de Estado Mayor, especialista en Submarinos y Comunicaciones. Autor de cuatro libros y de más de sesenta artículos académicos, principalmente sobre temas relacionados con Teoría de la Guerra, Terrorismo, Polemología y Sociología. Profesor en diferentes másteres y otros títulos académicos sobre estos aspectos.
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Analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) y profesor del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). Capitán de Fragata de la Armada, licenciado (UNED) y Doctor (UCM) en Ciencias Políticas y de la Administración. Especialista en Religión, Cultura y Civilización Islámica y en relaciones de España con el Norte de África. Diplomado de Estado Mayor, especialista en Submarinos y Comunicaciones. Autor de cuatro libros y de más de sesenta artículos académicos, principalmente sobre temas relacionados con Teoría de la Guerra, Terrorismo, Polemología y Sociología. Profesor en diferentes másteres y otros títulos académicos sobre estos aspectos.

One comment

  • Señor comandante, resulta difícil encontrar una ‘alianza’ más desequilibrada en la historia que la que usted presenta. No hay ‘comunidad de valores’ (la alianza se remonta a 1953, y ya medirá), no existen ‘intereses vitales comunes’ (la gran amenaza para España ha sido cuidadosamente dejada a un lado por EEUU desde los años 60, vea el ejemplo del Sahara), ni por supuesto no hay una ‘visión compartida’, ( en aspectos como la visión de la Unión Europea, las relaciones con Rusia, Oriente medio o el Magreb las posiciones española y estadounidense son claramente divergente, vea por ejemplo la posición frente al enfrentamiento argelino-marroquí).
    Ni siquiera existe un ‘valor estratégico’ de España. EEUU controla cómodamente el estrecho desde el peñón de Gibraltar, territorio español desde donde puede realizar todo tipo de operaciones (desde la inteligencia a intervenciones sobre el terreno, incluyendo un papel esencial como base de sus operaciones de bombardeo desde submarinos) sin el molesto ‘control político’ español. ¿Qué papel le queda entonces a España en esa ‘brillante alianza que presenta? Pues el de ‘arrendador’ de espacio. Rota y Morón no dan a EEUU más que el espacio físico imprescindible para mover unidades de volumen tipo brigada o flotilla. De hecho en caso de operaciones son más bien una ‘molestia’ debido al control político español. Si La Línea y San Roque se ‘incorporaran’ a Gibraltar, Rota y Morón serían desmanteladas en poco tiempo.
    De hecho, no es casual que en las últimas Trident Juncture 15 los marines estadounidense operaran en exclusiva con los Royal marines británicos. La participación de España en las operaciones futuras no se contemplan excepto como fuerzas de intervención en el escenario de Europa oriental. Las futuras operaciones en nuestro ámbito estratégico (Magreb-Sahel) serán o como territorio de proyección de las fuerzas anglo-estadounidenses o de otra ‘alianza estratégica’, la franco-británica. ¿No le parece raro que en las Trident Juncture 15 hasta cuatro V-22 Osprey hayan ‘certificado’ la operatividad de nuestro Juan Carlos I, pero no haya existido ninguna operación conjunta entre los marines y nuestros infantes de marina. Ahí está de nuevo el papel de España como ‘arrendador’ de espacio de proyección.
    Que eso es España en la OTAN, para nuestra desgracia.

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