El TTIP, ¿solo un acuerdo comercial?

El TTIP, ¿solo un acuerdo comercial?

En un intento por relanzar el comercio a los dos lados del Atlántico, el 17 de junio de 2013, Estados Unidos y la Unión Europea anunciaron el inicio de las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, más conocida como TTIP por sus siglas en inglés. Con este ambicioso acuerdo de comercio en negociación entre Estados Unidos y la Unión Europea se estima un incremento del PIB de un 0,5% para la UE y un 0,4% para Estados Unidos, y la creación de millones de puestos de trabajo y una mejora del nivel de vida resultante de la bajada de precios tanto de los productos como de los servicios.

No obstante, transcurridas ya once rondas de negociaciones, las opiniones respecto a los beneficios de este acuerdo están divididas, contando tanto con importantes detractores como partidarios. Pero, ¿qué supone este acuerdo para la Alianza Atlántica? A continuación se exponen algunas claves geoestratégicas para entender este acuerdo comercial.

1. Resurgir de los valores comunes de EE.UU. y la UE

Probablemente uno de los aspectos políticos más significativos de este acuerdo sería su acción dinamizadora sobre la Alianza Transatlántica, necesaria para hacer frente a los nuevos desafíos que amenazan el status quo del sistema internacional como el terrorismo yihadista, el cambio climático, el crecimiento de las potencias emergentes o el desarrollo de ideologías políticas extremistas por todo el mundo, y más particularmente en Occidente. En este sentido, la firma del TTIP supondría la cimentación de valores y objetivos comunes como son la democracia o el liberalismo económico, compartidos y fomentados a ambos lados del Atlántico. Este impulso ideológico es crucial en estos momentos, ya que investigaciones sociológicas publicadas en los últimos años ponen de manifiesto la existencia de una gran brecha entre los valores y creencias existentes en las sociedades estadounidense y europea.

2. Impulso para la seguridad del Eje Atlántico

En términos de seguridad, el renacer de la Alianza Atlántica ayudaría a reforzar el posicionamiento internacional del eje EE.UU.-UE, requisito indispensable para hacer frente a los nuevos retos y amenazas de seguridad a los que se enfrentan estas dos potencias en la actualidad. En un momento en el que el papel internacional de la Unión Europea está siendo muy cuestionado y en el que proliferan las potencias regionales, reforzar sus vínculos políticos y económicos potenciaría su imagen como aliados, reimpulsando la figura de Occidente como potencia global. En este contexto, uno de los aspectos en los que la firma de este tratado tendría un efecto inmediato para la Unión Europea sería en lo referente a la seguridad energética. Independientemente de si el acuerdo incluye o no un capítulo específico sobre energía, la mera entrada en vigor del TTIP permitiría a la UE importar Gas Natural Licuado estadounidense, siempre que se aplique el principio de “trato nacional”. Este hecho ayudaría a disminuir la dependencia energética de Rusia sufrida especialmente por los países del Este de la UE.

3. La economía y el comercio como instrumentos estratégicos

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el impacto geoeconómico del acuerdo. Por un lado, el impulso económico del tratado volvería a convertir a Occidente en la piedra angular del sistema económico mundial, tal y como ocurriera tras la Segunda Guerra Mundial a través de Bretton Woods y la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Este hecho le permitiría contrarrestar el papel que juegan las potencias emergentes en el mismo, que buscan desafiar las reglas por las que se rige el sistema en la actualidad. Esto sería particularmente relevante para limitar la influencia económica de China, ya que la aprobación del TTIP, unida a la del TPP, crearía el bloque económico y comercial más grande del mundo. Por otro lado, este acuerdo también podría tener importantes consecuencias para el sistema de comercio multilateral. La incapacidad para avanzar durante la Ronda de Doha, se ha traducido en la aprobación de múltiples acuerdos comerciales regionales y bilaterales con los que se ha buscado progresar en ciertos aspectos que habían llegado a un punto muerto dentro de las negociaciones multilaterales. En este sentido, el marco regulatorio que se establezca con el TTIP puede servir como referencia para futuros tratados comerciales, ya que la negociación se centra en aspectos no contemplados en ninguno de los acuerdos firmados hasta el momento, alejándose de los temas arancelarios y buscando la liberalización comercial a través de una mayor homogeneización regulatoria.

Tomando todo lo expuesto a priori, se puede concluir que las implicaciones estratégicas del TTIP van más allá del impulso económico local que puedan experimentar tanto Estados Unidos como la Unión Europea, pues si algo se puede decir con toda seguridad de este tratado de libre comercio, es que es mucho más que cualquier acuerdo comercial firmado hasta el momento. Precisamente por este hecho, su impacto no debe medirse solo en términos económicos, sino que es necesario tener muy presente sus posibles consecuencias estratégicas ya que serán determinantes en la configuración de las relaciones de poder dentro del sistema internacional durante los próximos años.

 

Ana Elena Sancho

Ana Elena Sancho

Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Europea de Madrid y en European Management por Helsinki Metropolia University of Applied Sciences. Ha desarrollado su carrera profesional entre la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar, la Delegación de la Unión Europea en Singapur y el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en política económica y comercial, política energética, gestión de recursos naturales y geopolítica
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Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Europea de Madrid y en European Management por Helsinki Metropolia University of Applied Sciences. Ha desarrollado su carrera profesional entre la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar, la Delegación de la Unión Europea en Singapur y el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en política económica y comercial, política energética, gestión de recursos naturales y geopolítica

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