Over there… Send the word, the Yanks are coming!!!

Over there… Send the word, the Yanks are coming!!!

En 1917, en el momento de la entrada de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial, George M. Cohan, una de las leyendas del musical norteamericano, compuso “Over there”. Esta canción llegaría a ser uno de los himnos en la gran contienda europea e incluso en la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente, el mundo y Europa han cambiado. Después de estas contiendas y la Guerra Fría que forjarían la alianza entre Europa y EE.UU., la relación transatlántica ha ido languideciendo y debilitándose con los años posteriores al fin de la Guerra Fría y los agrios debates sobre Irak y la Guerra Global al Terror. La sede de esta relación, la Alianza Atlántica, fue transformando su razón de ser desde una alianza militar defensiva enfocada en una amenaza militar e ideológica estatal hacia una organización regional de seguridad con capacidad de intervención global, que se ocupa desde intervenciones humanitarias hasta la contrainsurgencia, pasando por el terrorismo, la seguridad energética o la ciber-seguridad. Sin embargo, eso significaba que Europa dejaba de ser objeto y preocupación de seguridad para convertirse en un actor principal. Pero las dinámicas del sistema internacional y la competición geopolítica han vuelto a convertir Europa en foco de esa atención en un momento crítico para el continente: inmerso aún en la lucha contra la Gran Recesión de 2008, con unas percepciones de seguridad muy diferentes entre sus miembros, con una visión del gasto en seguridad y defensa cada vez más bajo, y con opiniones públicas que, en muchos casos, no tienen una clara percepción de las amenazas ni tienen una idea clara de cómo afrontarlas. Mientras, el gran aliado del otro lado del Atlántico ha revisado sus prioridades, ha racionalizado sus medios y gastos, y en consonancia a esos cambios en Europa, había ido reduciendo su presencia militar convencional y nuclear.

Desde la Guerra Fría cuando la cifra de tropas norteamericanas en Europa era de 300.000 y las armas nucleares norteamericanas se podían cifrar en 7.000 cabezas, esta presencia se ha reducido a poco más que un 20% (50.000) con probablemente no más de un centenar de armas nucleares tácticas. Las misiones que tenía aquel enorme despliegue eran sobre todo asegurar a los aliados y disuadir al adversario (la URSS-Pacto de Varsovia), afirmando la defensa colectiva en caso de ataque e invasión del territorio aliado. Hasta hace poco, la cooperación con otras organizaciones y estados en la periferia europea y la gestión de crisis como la de Afganistán, habían dejado la defensa colectiva como un elemento más de la Alianza Atlántica, aunque esta fuera su razón última.

Las sucesivas cumbres de la Alianza en 2010 (que estableció el actual Concepto Estratégico de la OTAN) y sobre todo en 2014 en Gales, iban a resaltar de nuevo las antiguas misiones y, por ende, la defensa colectiva. La crisis de Ucrania y el progresivo rearme ruso, la guerra en Siria-Irak, y las dinámicas cada vez más desestabilizadoras en el Sahel y sus periferias (sobre todo en el antiguo Flanco Sur de la OTAN) son reflejo de las misiones que determina la Declaración de Gales de 2014. Establece la seguridad cooperativa, la gestión de crisis y la defensa colectiva como las misiones centrales de la OTAN, pero la asimetría en las percepciones de seguridad dentro de la Alianza y su proximidad geográfica están reforzando la necesidad de volver a asegurar a los aliados (sobre todo en Europa Central y Oriental) y reforzar los mecanismos de disuasión.

El gran problema es que la mayor parte de los aliados europeos, tras el esfuerzo de las operaciones en Afganistán y la crisis económica, han reducido su presupuesto de defensa y capacidades tanto que la media de gasto cae en casi todos los estados bastante por debajo del 2% del PIB, tal como se había acordado en Gales (España, por ejemplo, dedicará solo un 0,9% en 2015 y solo EE.UU., Gran Bretaña, Grecia, Polonia y Estonia llegaron al 2%). En este sentido la cumbre de la OTAN en Varsovia este próximo julio, tendrá que enfrentarse a estos problemas, fundamentales para la supervivencia de la Alianza, su credibilidad como instrumento defensivo y de seguridad, y como foro de solidaridad transatlántica.

La Administración Obama ha dado el primer paso hacia una reconstrucción de la presencia militar de EE.UU., en términos de reasegurar a los aliados en Europa Central y del Este, avanzar en el fortalecimiento de la capacidad de disuasión de la Alianza Atlántica, y en definitiva de la defensa colectiva. El Pentágono ha lanzado un plan para 2017 llamado European Reassurance Initiative, que elevará la presencia de forma rotativa de fuerzas de EE.UU. hasta un total de 3 brigadas (una aerotransportada, otra acorazada y otra Stryker), además de un incremento en el pre-posicionamiento de material en Alemania, Bélgica y los Países Bajos. En este sentido la Administración Obama ha pedido al Congreso que se cuadruplique el presupuesto de defensa destinado a Europa, desde 789 millones a 3.400 millones de dólares. La iniciativa European Reassurance significa también un despliegue con gran visibilidad de las nuevas fuerzas por los estados bálticos, Polonia, República Checa, Hungría y Rumanía. En este sentido en ya 2015 fuerzas del 2º Regimiento de Caballería de EE.UU., apoyadas por fuerzas aéreas, llevaron a cabo la operación Dragoon Ride, en forma de convoy por unos 2.000 km de carreteras de estos estados.

Efectivamente, EE.UU. vuelve a reafirmar su compromiso con la OTAN y los aliados europeos, pero Europa tiene que ser consciente de su responsabilidad en su propia defensa y el papel que desempeña globalmente, o estará condenada a la irrelevancia estratégica. De nuevo the Yanks are coming….

David J. García Cantalapiedra

David J. García Cantalapiedra

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de RRII en la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM; profesor de Política exterior de EE.UU. en la Escuela Diplomática y de seguridad internacional en el Curso de Estado Mayor de las FAS, UCM-CESEDEN. Investigador colaborador en Instituto Franklin-UAH; ha sido investigador principal sobre EE.UU. del Real Instituto Elcano; miembro del Grupo de reflexión sobre la postura nuclear de la OTAN. US DTRA-NATO Nuclear Policy Planning Directorate 2008-11; 2009 NATO Fellow en Afganistán.
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Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de RRII en la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM; profesor de Política exterior de EE.UU. en la Escuela Diplomática y de seguridad internacional en el Curso de Estado Mayor de las FAS, UCM-CESEDEN. Investigador colaborador en Instituto Franklin-UAH; ha sido investigador principal sobre EE.UU. del Real Instituto Elcano; miembro del Grupo de reflexión sobre la postura nuclear de la OTAN. US DTRA-NATO Nuclear Policy Planning Directorate 2008-11; 2009 NATO Fellow en Afganistán.

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