Thomas Jefferson, lector del Quijote

Thomas Jefferson, lector del Quijote

(…) I become a Don Quixot to bring all men by force of argument, to one opinion.
Carta de Thomas Jefferson a su nieto Thomas Jefferson Randoplh, 24 de Noviembre de 1808.

A lo largo del presente año celebramos en nuestro país el IV centenario de la muerte de nuestro más ilustre embajador literario, Miguel de Cervantes. Desde su muerte, han sido muchos los que se han acercado a su obra y han llenado los anaqueles de sus bibliotecas con “El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Hoy, día 13 de abril, se cumplen 273 años del nacimiento de Thomas Jefferson, miembro de los llamados Padres Fundadores de los Estados Unidos de América y figura fundamental de la Historia de los Estados Unidos por su destreza política a la hora de ser uno de los principales redactores de la Declaración de Independencia, la lucha contra el Imperio británico en aras de la libertad de la nación americana, y el tercer presidente de los EE.UU. (1801-1809). Murió en la fecha simbólica del 4 de Julio (1826). Hombre ilustrado, pensador, escritor, bibliófilo; pocos conocen la estrecha vinculación que este ilustrado norteamericano tenía con el soldado-escritor Miguel de Cervantes y las reiteradas ocasiones en que el nombre del alcalaíno figuraba en la correspondencia, escritos y volúmenes de sus diferentes bibliotecas.

No sería extraño que un intelectual ilustrado hubiera leído a Cervantes en alguna ocasión, pero sí lo es en el caso de Jefferson el hecho de que lo hiciera en castellano como ejercicio para aprender la lengua española. En 1784, tras la muerte de su esposa, acepta el cargo de embajador de los Estados Unidos en Francia y viaja a París para sustituir a Benjamin Franklin. Es en este viaje durante los diecinueve días de travesía a Francia en el que, según un relato de las Memorias de John Quincy Adams, Thomas Jefferson lee el “Quijote” que le habían prestado con una gramática como auxiliar. Tal vez la anécdota sea exagerada pero sí es cierto que no se tiene constancia de que Thomas Jefferson tuviera tutor alguno para el aprendizaje del castellano, idioma que probablemente nunca dominó a la perfección[1], pero que podría leer sin demasiadas dificultades. Como tutor estricto recomienda a sus sobrinos Peter Carr en 1787 y John Rutledge Jr en 1788 el aprendizaje del castellano para comprender la cercana realidad de Latinoamérica y a su futuro yerno, Thomas Mann Randolph, le expone que, para un americano, después del francés el español es la lengua más importante pues “parte de la Historia de América está escrita principalmente en español.

Serán varias las ediciones de las obras de Cervantes que posea Thomas Jefferson a lo largo de su vida. En el catálogo de su biblioteca durante su estancia en Francia en 1789 aparece una edición del Quijote en castellano en cuatro volúmenes y, en noviembre de 1794, su colega William Short, nombrado ministro de los Estados Unidos en España, le envía como regalo la edición en seis volúmenes de la Academia española en la edición de Joaquín Ibarra de 1787.

En 1814, retirado en su casa de Monticello tras su exitoso doble mandato como presidente de Estados Unidos (1801-1809) decide ceder los 6,487 volúmenes de su biblioteca privada a la Biblioteca del Congreso que había sido devastada por un incendio tras la ocupación británica de Washington en 1814. Entre esos libros estaban las obras completas de Miguel de Cervantes[2] que Jefferson había conseguido, y leído, desde su juventud. Como bibliófilo prosiguió la compra de libros en su retiro de Monticello y se tiene constancia de la presencia de dos ediciones del Quijote (una en castellano y otra en inglés) en su colección privada en el momento de su muerte en 1826.

En el “donoso escrutinio” de la última biblioteca del “hidalgo” Thomas Jefferson encontramos que las aventuras del caballero andante manchego figuran como la única “novela” entre volúmenes de Historia, Filosofía o incluso Religión. Sin lugar a duda, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” había sido uno de los libros de su vida.

En 1944, el escritor y bibliófilo argentino Jorge Luis Borges publica su libro de cuentos “Ficciones” dentro del cual encontramos el relato titulado “Pierre Menard, autor del Quijote”. En ese relato, un ficticio autor francés postrevolucionario del XIX decide escribir el mismo libro que escribiera Cervantes en el siglo XVI. Sin embargo, en el Quijote de Menard, las palabras tienen otro significado que las del Quijote de Cervantes, aunque sean las mismas. Las experiencias y lecturas de un poeta simbolista francés postrevolucionario, que había leído a Nietzsche, Baudelaire, Rimbaud o Roussel, influyen en el significado que tienen esas palabras y que, un español del diecisiete no hubiera podido otorgar porque no hubiera podido tan siquiera imaginarlas. Ponemos nuestra vida en los textos que leemos de la misma forma que esos textos están presentes a la hora de leer e interpretar otros. De esta manera, Jefferson, en Francia, en los albores de la Revolución (vive en primera persona la apertura de los Estados Generales y la jornada de la toma de la Bastilla en París, 14 de Julio de 1789) lee el Quijote, tiene varias ediciones de la obra cervantina en su biblioteca, recomienda la lectura del libro a sus hijas y cita en varias ocasiones su especial interés por la figura del Hidalgo cervantino.[3] En qué medida la lectura de Cervantes influyó en la obra de Thomas Jefferson está todavía por estudiar pero podemos advertir la triste figura del caballero en las alusiones de Jefferson hacia la necesaria obtención de la libertad frente a la tiranía como paso necesario en la dignidad del ser humano, el ideal caballeresco de lucha por una libertad que, como expresa don Quijote:

(…) es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida (…). Don Quijote, 2ª Parte, Cap.LVIII

Toda una vida, la de Thomas Jefferson, dedicada a una nación nacida de una Revolución por la libertad.


[1] Weber, Allison., Thomas Jefferson’s Quixotes.” Studies in Spanish Literature in Honor of Daniel Eisenberg, ed. Tom Lathrop (Newark: Juan de la Cuesta, 2009), pp 351-372. p.389

[2] El Quijote y también ediciones de 1784 de “La GalateaViaje al Parnaso”, Los trabajos de Persiles y Segismunda” o  “Novelas ejemplares” son vendidas por Jefferson a la Biblioteca del Congreso.

[3] Martha y Mary leyeron el Quijote por recomendación de su padre. El ejemplar del Quijote de Jefferson de la Biblioteca del Congreso posee anotaciones de la mano de esta última. Para una cronología de las citas del Quijote en la correspondencia de Thomas Jefferson véase: https://www.monticello.org/site/research-and-collections/don-quixote-novel


Carlos Herrero

Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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