Murieron un 4 de julio

Murieron un 4 de julio

“We must, indeed, all hang together, or most assuredly we shall all hang separately”
Benjamin Franklin, 1776.

A lo largo del día de hoy, 4 de julio, el pueblo norteamericano celebra su día más simbólico e importante. Toda nación tiene sus mitos fundadores, y la memoria de todas las naciones está jalonada con los nombres y las fechas de sus más ilustres personajes y momentos de gran valor. En el caso de los Estados Unidos de América la festividad en recuerdo del 4 de julio de 1776, la bandera de las barras y estrellas y la campana de la libertad son tres de los símbolos más importantes que representan la garantía de la nación americana por conseguir sus derechos, libertad e independencia de la Corona británica.

En 1776 un grupo de delegados de las trece colonias británicas de América se reunieron en el Congreso Continental de Filadelfia y, según la tradición, firmaron la Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América. El fervor revolucionario de las trece colonias americanas necesitaba poner por escrito sus aspiraciones y anhelos. El documento había sido encargado a un comité de cinco delegados entre los que se encontraban Benjamin Franklin, Robert Livingston, Roger Sherman, John Adams y el segundo delegado más joven presente en el Congreso, representante de Virginia, Thomas Jefferson (contaba con 33 años de edad en aquel momento), que se convertiría en el principal redactor del conocido documento.

En su preámbulo, casi como un credo que reza el pueblo norteamericano, leemos las siguientes palabras:

“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de (cierto)s derechos inherentes inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad”.

Estas palabras coinciden casi exactamente con las que Jefferson escribió en un borrador que fue presentado el 2 de julio de 1776. El resto del texto contendrá muchas variaciones en su versión final incluidas por los demás redactores (hasta 86 cambios) pero el preámbulo, fruto de una bien digerida asimilación de la filosofía ilustrada, representa el genio de Thomas Jefferson, su capacidad para poner voz a los sueños de una nación y convertir estas palabras en si mismas en un icono del pueblo norteamericano.

Sin embargo, la historia siempre depara sorpresas y cincuenta años más tarde, dos de los cinco miembros del comité de redacción tuvieron un protagonismo especial en otro 4 de julio. En 1826, en lugares tan separados como Monticello (Virginia) y Quincy (Massachusetts) fallecían Thomas Jefferson (a la edad de 83 años) y John Adams (a la edad de 90 años).

La relación entre John Adams y Thomas Jefferson pasó por altos y bajos a lo largo de cincuenta años. Se conocieron unos meses antes de formar parte en el comité de redacción de la Independencia y lucharon políticamente el uno contra el otro. El sureño Jefferson y el norteño Adams lideraron partidos diferentes, el federalista por Adams y el republicano por Jefferson, hasta que se produjo el primer relevo de partidos al final de la presidencia de Adams en la significativa elección de 1800 y el inicio de la presidencia de Jefferson en 1801. No obstante, al final de sus vidas en sus respectivos retiros, la amistad personal, más allá de las diferencias políticas hizo generar una cordial pero afectuosa correspondencia donde ambos compartían la visión de la nación que juntos habían logrado crear. En una carta a John Adams de abril de 1816 Jefferson escribía:

Me preguntáis si estaría conforme en vivir de nuevo mis setenta, o más bien setenta y tres años. Respondo a ello que si[i]

Sería diez años más tarde, durante la presidencia de John Quincy Adams (1825-1829), el hijo de John Adams, cuando se les solicitó a ambos [iv] [v] para los eventos preparados en Washington en conmemoración de los cincuenta años de la jornada del 4 de julio en Filadelfia. La enfermedad les impedirá cumplir esta petición. Jefferson responde a Robert Weightman (organizador de los eventos del cincuenta aniversario del 4 de julio) por carta que “El sufrimiento por la enfermedad que padezco se agrava notablemente porque me impide practicar personalmente en la celebración de ese día [vi]. A partir del 2 de julio de 1826, Thomas Jefferson será un moribundo con pequeños momentos de lucidez en los que, se niega a tomar los opiáceos calmantes que le proporcionaba su médico de cabecera Robley Dunglison, y pregunta insistentemente a su nieto, Thomas Jefferson Randolph si había llegado ya el 4 de julio (Is it the Fourth?”) pues su voluntad era firme por llegar vivo a la fecha marcada. El 4 de julio de 1826 a las 12h50 de la tarde, fallecía el tercer presidente de los Estados Unidos de América y principal redactor de la Declaración de Independencia.

A unos mil kilómetros de Monticello en Quincy, Massachusetts, agonizaba John Adams y sus últimas palabras parece que tenían a su compañero y rival como referencia. Según el relato de las memorias de John Quincy Adams, su padre comentó al saber que despuntaba el alba del 4 de Julio: “It´s a great day, It´s a good day” para añadir más tarde la conocida pero discutida frase: Thomas Jefferson survives. Lo cierto es que John Adams se equivocaba, pues el 4 de julio de 1776 en el plazo de cinco horas fallecieron el segundo y tercer presidente de los Estados Unidos de América, dos de los cinco miembros del comité de redacción de la Declaración de Independencia que se celebra hoy y la imagen de la compleja América que se reencuentra en el debate, a pesar de las opiniones abiertamente contrarias, por la concreción del ideal de la ilustración de un bien superior en común.

Tal y como afirmó otro de los ilustrados padres fundadores, Benjamin Franklin, en el Congreso de Filadelfia: Todos debemos permanecer unidos o seguramente seremos ahorcados por separado”.

Feliz 4 de Julio.


[i] Thomas Jefferson, Escritos políticos. Edición de Jaime Salas. Traducción de Manuel Sáenz de Heredia., Tecnos, Madrid, 2014. P.559
[iv] Carta a Thomas Jefferson (1826).
[v] Carta a John Adams (1826).
[vi] Thomas Jefferson, Escritos políticos. Edición de Jaime Salas. Traducción de Manuel Sáenz de Heredia., Tecnos, Madrid, 2014. P.609.

 

Carlos Herrero

Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Realizando su PhD en Estudios Norteamericanos sobre el concepto de España en los viajeros norteamericanos. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Realizando su PhD en Estudios Norteamericanos sobre el concepto de España en los viajeros norteamericanos. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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