<i>Rocket Man</i> y el retorno a Westfalia

Rocket Man y el retorno a Westfalia

Seis claves sobre el primer discurso del presidente Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

El otoño llega a Nueva York con el más monumental de los atascos de tráfico y una pesadilla de seguridad. La isla de Manhattan tiene que dar prioridad a los máximos representantes diplomáticos de los 193 países que componen la Asamblea General de Naciones Unidas. Como el órgano más representativo de la ONU –frente al sesgo del Consejo de Seguridad– este foro protagoniza cada año un debate general entre septiembre y diciembre sobre las cuestiones más preocupantes que afectan a todo el mundo. Agenda no falta: desde la pobreza a la paz y seguridad.

Con diferencia, en la sesión anual número 72 lo más novedoso ha sido el primer discurso del presidente Donald Trump desde una tribuna históricamente ya acostumbrada a todo tipo de inolvidables actuaciones. Como tarjeta de visita, el ocupante de la Casa Blanca hace tiempo que se ha declarado partidario de recortar en forma significativa la decisiva aportación financiera de Estados Unidos a la ONU. Recibido con enorme curiosidad en su debut ante el circus maximus de la diplomacia mundial, Trump ha mantenido su estilo de confrontación permanente y no ha defraudado con lo que ya se conoce como el discurso del Rocket Man.

1. COREA DEL NORTE

El presidente ha seguido alimentando ante la Asamblea General la escalada de apocalíptica retórica que mantiene con el régimen de Pyongyang. Trump ha prometido “destruir totalmente a Corea del Norte” si continúa amenazando la seguridad de Estados Unidos y sus aliados. Fiel a su costumbre de acuñar apodos para sus rivales, el presidente ha ridiculizado al proliferador Kim Jong-un como un suicida Rocket Man para disgusto de los entusiastas de Elton John. En referencia a la relación clientelar que mantiene Corea del Norte con China, Trump ha calificado como “un escándalo que algunas naciones” persistan en comerciar armas y respaldar al hereditario régimen estalinista de Pyongyang. A su juicio, “ninguna nación en el mundo” debería estar interesada en que “esa banda de criminales se arme con armas nucleares y misiles”.

2. IRÁN

Dentro del fetichismo negociador que le caracteriza, el presidente ha amenazado con abandonar el acuerdo internacional para controlar el programa nuclear de Irán. Según Trump, el entendimiento alcanzado con Teherán y ratificado por el Consejo de Seguridad es una “vergüenza” y tiene que ser renegociado. Bajo la legislación de Estados Unidos, la Administración Trump tiene de plazo hasta el 15 de octubre para certificar si Irán cumple o incumple con los términos del pacto que limita su desafío nuclear durante una década a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Durante sus ocho meses de mandato, Trump ha emitido dos certificaciones positivas pero un informe negativo serviría para desbaratar el acuerdo negociado por la Administración Obama y otras cinco potencias. La resurrección del “eje del mal” por parte de Trump fue especialmente aplaudida por la delegación de Israel. Según el primer ministro Netanyahu, el discurso de Trump ha sido el más vigoroso que ha escuchado durante los últimos treinta años en Naciones Unidas.

3. AMERICA FIRST

Frente a décadas de respaldo por parte de Washington a la filosofía colectiva que representa Naciones Unidas, Trump ha defendido el nacional-populismo que le ha convertido en presidente de Estados Unidos. Parte de su discurso ha consistido en una reiterada defensa del concepto de soberanía nacional en términos decimonónicos ante un foro como la ONU donde es habitual que regímenes como Rusia, China, Irán y Corea del Norte insistan en el principio de no injerencia para evadir críticas. Según Trump, “como presidente de Estados Unidos, siempre pondré a América primero, como ustedes, como los líderes de sus países, deben siempre anteponer sus países primero”. A su juicio, este nacionalismo contagioso puede hacer posible que naciones fuertes cooperen para lograr objetivos comunes: “Si los muchos justos no se enfrentan a los pocos perversos, las fuerzas de destrucción solo ganan poder y fortaleza”.

4. ORDEN INTERNACIONAL

De acuerdo al bombástico análisis internacional de Trump, algunas partes del mundo “se están yendo al infierno”. En ese contexto, que según algunos analistas recuerda a la crisis de los años treinta, el presidente ha reiterado sus posiciones unilateralistas con 21 menciones sucesivas al concepto de soberanía. Una obsesión por Westphalia First (la preeminencia en el sistema internacional del Estado nación frente a otras consideraciones) que se alimenta del reproche populista de que Estados Unidos ha sido sistemáticamente engañado tanto por sus rivales como aliados en detrimento de sus intereses nacionales. Todo este ensimismamiento de la Administración Trump ya se ha traducido en la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático, la renuncia al acuerdo comercial TPP con Asia y la renegociación de NAFTA con México y Canadá. Según afirmó Trump en Nueva York, “Estados Unidos será siempre un gran amigo del mundo, y especialmente de sus aliados, pero no podemos dejarnos abusar más o aceptar tratos leoninos en los que Estados Unidos no consigue nada a cambio”.

5. TERRORISMO

La retórica de Donald Trump, en su autodefinido estilo “presidencial moderno”, ha sido recibida con bastante silencio. Buena parte de los limitados aplausos que recibió su alocución de 42 minutos se limitaron al compromiso de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. Según Trump, “Estados Unidos y nuestros aliados estamos trabajando juntos por todo Oriente Medio para aplastar a los terroristas perdedores y detener la reemergencia de los santuarios que ellos utilizan para lanzar ataques contra toda nuestra gente”. Sobre su política de refugio y asilo, el presidente ha indicado que “por el coste de acomodar a un refugiado en Estados Unidos, nosotros podemos asistir a más de diez en su región de origen”. El ocupante de la Casa Blanca ha aprovechado la cita diplomática de Nueva York para mediar en el conflicto planteado entre Qatar y Arabia Saudí. A pesar de haber caracterizado a ese emirato del Golfo Pérsico de financiar el terrorismo, Trump no ha dudado en presentar al emir catarí como un viejo amigo y aliado.

6. VENEZUELA Y CUBA

Dentro de la política exterior de la Administración Trump se va abriendo paso la crisis de Venezuela. En el discurso de Naciones Unidas, el presidente argumentó que la “dictadura socialista de Nicolás Maduro ha infligido terrible daño y sufrimiento a la buena gente de ese país”. Dentro de una escalada de sanciones y “todas las opciones sobre la mesa”, Trump ha insistido en que el “corrupto régimen” de Venezuela ha conseguido “destruir una nación próspera al imponer una fallida ideología que ha producido pobreza y miseria allá donde se ha aplicado”. El presidente ha realizado un llamamiento para la restauración de la democracia y las libertades políticas con insistencia en que el mundo no puede quedarse de brazos cruzados ante lo que está ocurriendo en la república bolivariana. A su juicio, “el problema de Venezuela no es que el socialismo se haya aplicado malamente, es que el socialismo se ha implementado fielmente”. Con respecto a Cuba, Trump también se ha comprometido a mantener las sanciones vigentes hasta que el régimen no asuma reformas democráticas. El año pasado, la Administración Obama en su esfuerzo por normalizar relaciones con La Habana declinó oponerse a la tradicional resolución de Naciones Unidas que condena el embargo contra Cuba. Esta vez, se espera que la Casa Blanca vuelva a defender y justificar las sanciones comerciales que se remontan a la Administración Kennedy que solo pueden ser revertidas por el Congreso de Estados Unidos.

Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez

Profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE y en la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin-UAH. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Política Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fullbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.
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Profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE y en la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin-UAH. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Política Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fullbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.

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