<i>When in the Course of human events…</i>

When in the Course of human events…

El 2 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental que representaba a las trece colonias en rebeldía contra la Corona británica declaró a Estados Unidos como una nación independiente. Dos días después, fecha que se convertiría en la fiesta nacional de la nueva república, la asamblea legislativa reunida en Filadelfia aprobaba la Declaración de Independencia en una solemne ceremonia. Este documento fundacional –a medio camino entre hoja de ruta, declaración de principios y memorial de agravios– comienza con una introducción difícil de olvidar:

“When in the Course of human events, it becomes necessary for one people to dissolve the political bands which have connected them with another, and to assume among the powers of the earth, the separate and equal station to which the Laws of Nature and of Nature’s God entitle them, a decent respect to the opinions of mankind requires that they should declare the causes which impel them to the separation”.

Seis claves sobre la Declaración de Independencia, el documento fundacional de Estados Unidos.

1.      Thomas Jefferson

Durante el caluroso verano de 1776, el segundo Congreso Continental designó un Committee of Five para elaborar el texto de la declaración. Este grupo de Founding Fathers estaba formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de New York, y Roger Sherman de Connecticut.

En un primer momento, se pensó que la redacción debería ser responsabilidad de Richard Henry Lee, autor del escueto borrador de independencia para las trece colonias conocido como Lee Resolution y aprobado el 2 de julio. Sin embargo, una serie de circunstancias cambiaron ese deseo inicial. El activo representante de Virginia, además de preocuparse por la precaria salud de su esposa, ya se había comprometido para redactar el preludio constitucional conocido como los Artículos de Confederación.

Con gran reluctancia, Thomas Jefferson terminó encargándose a sus 33 años del trabajo que no quiso realizar John Adams. El futuro tercer presidente de Estados Unidos tenía fama de solidez intelectual y reputación de ser un escritor tan articulado como persuasivo, “peculiar felicity of expression”, según la calificación de John Adams.

2.      Memorial de agravios

La mayor parte de la Declaración de Independencia es el equivalente a un escrito de acusación. Para justificar el nuevo orden político que abrirá la llamada era de las revoluciones, Jefferson detalla los agravios y abusos sufridos por las trece colonias británicas en la costa Atlántica del Nuevo Mundo. Todo dentro de la espiral de tensiones y desencuentros con Londres fruto de la defensa de esas colonias durante la guerra hegemónica contra Francia conocida como French and Indian War.

En la lista de acusaciones personalmente dirigidas hacia el rey Jorge III figuran desde la fiscalidad abusiva sin la debida representación parlamentaria hasta la falta de respecto hacia las libertades, derechos y auto-gobierno de los colonos. Con especial mención al acuartelamiento de soldados en domicilios privados, práctica extremadamente impopular y que inspirará la Tercera Enmienda de la Constitución de 1787:

Amendment III: No soldier shall, in time of peace be quartered in any house, without the consent of the owner, nor in time of war, but in a manner to be prescribed by law).

La conclusión final de este cúmulo de acusaciones sobre prácticas abusivas es que el objetivo de Gran Bretaña no es otro que establecer una “tiranía absoluta” sobre sus colonias atlánticas.

3.      La clave

El impacto y relevancia de la Declaración de Independencia no se encuentra precisamente en esa larga lista de quejas contra Jorge III. La clave se encuentra en el segundo párrafo de su preámbulo:

“We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness”.

El concepto de derechos inalienables hace referencias a una serie de principios tan básicos que forman parte de la misma naturaleza humana y que no pueden ser cuestionados por ningún tipo de autoridad política. La palabra Happiness en este contexto hace referencia al virtuoso cumplimiento del deber, a la oportunidad de estos nuevos ciudadanos para materializar todo su potencial y satisfacer sus objetivos vitales.

En el razonamiento de Jefferson a favor de la independencia, el argumento de peso es que todo gobierno depende para ejercer el poder del “consentimiento de los gobernados”. Y cuando los derechos naturales son amenazados, el pueblo tiene la autoridad revolucionaria para “alterar o abolir” esos gobiernos despóticos.

4.      Punto sin retorno

De acuerdo al distinguido profesor Eric Foner, la Declaración de Independencia cambiará para siempre el sentido del concepto clave en este nuevo proyecto nacional: la libertad. Se pasará de los limitados derechos contemplados bajo la tradición anglosajona de Common Law a los derechos de la humanidad como el objetivo fundamental de la independencia americana. La libertad dejará de ser un privilegio para convertirse en un derecho universal.

En este sentido, la argumentación de Thomas Jefferson se basaba en el filósofo inglés John Locke que consideraba a los gobiernos sujetos a las obligaciones de un “contrato social”. La violación de ese contrato suponía el final de la legitimidad del gobernante. La aportación de Jefferson será vincular el nacimiento de una nueva nación al comienzo de un proceso democrático abierto en el que la tradición y el anquilosamiento social no dominará los destinos de sus ciudadanos.

La noticia de la Declaración de Independencia al llegar a Nueva York hizo que se derribara una estatua del rey Jorge III para ser fundida y fabricar 42.000 balas para las tropas insurgentes. El general George Washington hizo que el texto fuera leído a todas las unidades del ejército continental. Y Benjamin Franklin afirmó en el momento de la firma que a partir de ahora “debemos aguantar juntos o con toda seguridad que nos colgarán por separado”.

5.      Declaración global

Durante más de dos siglos, la Declaración de Independencia de Estados Unidos ha sido una fuente de inspiración para los pueblos sometidos al colonialismo por todo el mundo. El propio Jefferson tenía la esperanza de que la génesis de Estados Unidos supusiera un ejemplo en la lucha contra la opresión. El texto original fue rápidamente traducido al francés y al alemán. Con grandes esfuerzos para evitar su publicación en castellano para no inspirar todavía más el independentismo en las colonias de España por el Nuevo Mundo.

El primer “homenaje” al documento fundacional de Estados Unidos se produjo en 1790 en Flandes, entonces parte del imperio austriaco. Para 1826, el año de la muerte de Jefferson, más de veinte declaraciones de independencia habían sido formuladas en Europa, el Caribe y las Américas. Muchos de estos documentos fundacionales tienden a incorporar extensos memoriales de agravios, pero solo unos pocos incluyen una reafirmación de los derechos naturales –vida, libertad y la búsqueda de la felicidad– invocados por Thomas Jefferson.

6.      Oportunidad perdida

La Declaración de Independencia fue una ocasión perdida para confrontar el pecado original de Estados Unidos: la esclavitud. En el borrador elaborado por Thomas Jefferson, a pesar de la contradicción que le suponía ser propietario de múltiples esclavos incluyó una cláusula de condena al comercio de personas procedentes de África, a su juicio “una guerra cruel contra la naturaleza humana”. Además de reprochar a la Corona británica por no respetar las limitaciones coloniales sobre la importación y comercio de estas personas convertidas por la fuerza en propiedad.

En el subsecuente debate parlamentario, los delegados sureños de Georgia y Carolina del Sur consiguieron eliminar del texto final esas críticas a lo que se considera como el defecto de nacimiento de Estados Unidos y que no se rectificará –al menos nominalmente– hasta la guerra civil sufrida a mediados del siglo XIX.

Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez

Profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE y en la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin-UAH. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Política Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fullbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.
Pedro Rodríguez

Latest posts by Pedro Rodríguez (see all)

Author

Pedro Rodríguez
Profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE y en la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin-UAH. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Política Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fullbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>