Españoles sin fronteras

Españoles sin fronteras

Una vez que han pasado algunos días desde el 12 de octubre no está de más afirmar que cada año esta festividad nos trae una polémica nueva. Este no ha sido una excepción y, de nuevo, la celebración del desembarco de los españoles en las islas de las Antillas dando comienzo a la exploración, conquista y dominación del nuevo mundo se ha visto censurada en diferentes lugares de Norteamérica por su condición de inicio del genocidio en una consideración de la conquista de América bajo modelos actuales que no se correspondían al siglo XV. El pasado año escribía en este mismo blog el juicio que desde la historiografía se había dado a la fiesta de la hispanidad y la necesidad de un revisionismo a partir de modelos conceptuales más amplios. Así como la Romanización del mundo mediterráneo en la antigüedad, con amplias dosis de muerte y destrucción, no plantea discusión sobre la homogeneización del espacio mediterráneo en el mundo antiguo. Por el contrario, no ha ocurrido lo mismo con la expansión española en ultramar.

Es habitual escuchar en la vieja Europa la aseveración de que los Estados Unidos de América no tienen más de doscientos años de Historia y que han intentado, como nación joven, usurpar la Historia de otros países. No obstante, sabemos que su trayectoria histórica no comienza con los padres peregrinos surcando los mares hacia el oeste del océano en 1620 ni con la fundación de Roanoke en 1587, sino que hunde sus raíces en el tiempo haciendo que todos los pueblos y culturas que han existido en su suelo constituyan una parte inherente de su configuración actual. No es atrevido afirmar que los Estados Unidos de América son indígenas, franceses, colonos ingleses, africanos, asiáticos y españoles a parte iguales. Ya han sido tres las ocasiones en las que el elemento hispánico de la cultura norteamericana ha sido el asunto principal de las ponencias y discusiones en los congresos de vínculos históricos entre España y Estados Unidos, como el pasado abril en el congreso celebrado en Alcalá de Henares y como se seguirá haciendo en el futuro congreso en Nueva York el próximo mes de abril.

La historia que nos ocupa hoy está en relación a esta historia atlántica compartida así como la reivindicación de las raíces hispánicas de los Estados Unidos. La Historiografía anglosajona ha contemplado durante décadas que el primer europeo nacido en territorio de los actuales Estados Unidos de América se trataba de una niña, Virginia Dare, hija del primer gobernador de la colonia de Roanoke en 1587 y de vida misteriosa tras la desaparición de la colonia en circunstancias aún no aclaradas a día de hoy. Anglosajona, podemos imaginarla rubia y de ojos claros, constituía el ejemplo claro de colono venido del otro lado del océano que poblaría las nuevas tierras de la América Inglesa y la creación de un Nuevo Mundo como extensión del viejo que quedaba en Europa. No obstante, es atrevido afirmar la primacía del elemento inglés en cuanto al primer hijo de europeos en suelo de los actuales Estados Unidos de América.

En 1565, el adelantado asturiano Pedro Menéndez de Avilés, recibe la orden de acudir con la flota a castigar los asentamientos franceses en la península de la Florida que hostigaban el comercio español en el Caribe, a pesar del Tratado de Cateau Cambresis (1559). Jean Ribaut, desde Fort Caroline, atacaba los buques españoles y ponía en riesgo la seguridad de las vías de comunicación. No eran tiempos de diálogo y comunión (siempre que no fuera católica y los franceses de Fort Caroline eran hugonotes) y el Rey de España enviaba a Avilés para acabar con la amenaza. Avilés llega a Fort Caroline el 20 de septiembre de 1565, día de San Agustín, y, tras expulsar a los franceses, funda la colonia del mismo nombre del santo de aquel día, San Agustin en la Florida, la ciudad con ocupación permanente más antigua de los Estados Unidos de América. En aquella expedición acudía un hidalgo asturiano llamado Martín de Argüelles junto a la que se convertiría en su esposa, Leonor Morales. De este primer matrimonio en la ciudad de San Agustín nacería, en 1566,  Martín de Argüelles júnior, el primer hijo de europeos nacido en los Estados Unidos. Las investigaciones y documentos que confirman que Martín nació veintiún años antes de la llegada de los ingleses a Roanoke son antiguas, aunque nada conocidas. A principios del siglo XX, el historiador norteamericano Woodbury Lowery obtiene del Archivo de Indias de Sevilla una colección de documentos que confirmaban la colonización de San Agustín y las circunstancias del nacimiento de Martín de Argüelles y que más tarde publicará en su “The Spanish Settlements Within the Present Limits of the United States” en 1905. La documentación en concreto se trataba de un requerimiento que realiza el propio Martín de Argüelles a la Audiencia de México en 1598 reclamando unos sueldos que se le debían por su labor como sargento mayor en el Yucatán. Los documentos, traducidos por Woodbury Lowell, están hoy en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y nada tienen que envidiar a la calidad documental aportada por Virginia Dare y sus descendientes… si es que los hay. Martín aporta testigos que confirman que es hijo legítimo de Martín de Argüelles sénior y de Leonor Morales, que pasó a Cuba más tarde y que desde 1594 ocupaba la plaza de sargento mayor del Yucatán. Con todos estos testimonios solicitaba que le pagasen las deudas atrasadas. Gracias a este conflicto burocrático podemos conocer que Martín, tal y como afirma Lowery, es el “primer español nacido en San Agustín de la Florida”. El aventurero Miquel Silvestre ya nos contaba la historia de Martín en 2014 en su ruta por el camino español en los Estados Unidos, el camino que unía las colonias del oeste, el norte de la Nueva España con la Florida a través de tierra cruzando el sur de los actuales Estados Unidos y, en 2015, la conmemoración de los 450 años de la fundación de San Agustín, propició la visita de los reyes de España a la ciudad confirmando el orgullo de las raíces hispanas de la Florida.

Un pasado común, el de la historia de España y de los Estados Unidos que nos hace más conscientes de nuestra propia identidad, como individuos que comparten un mismo pasado, una misma realidad, un mismo ritmo histórico y esperemos que un mismo destino.

Carlos Herrero

Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá y Diploma de Estudios Avanzados en Historia Medieval. Ha participado en el proyecto Europeo CLIOHRES financiado por la UNESCO y la UE en el grupo “Frontiers and Identities” entre los años 2005 y 2009. Su interés investigador está centrado en Estudios Culturales, la formación de las identidades nacionales y los discursos de alteridad a lo largo de la Historia. Actualmente trabaja como profesor de Civilización y Cultura española en el Instituto Franklin-UAH.

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