Los Papeles del Pentágono y <i>The Most Dangerous Man in America</i>

Los Papeles del Pentágono y The Most Dangerous Man in America

Al hilo de la nueva película de Steven Spielberg, The Post, seis claves sobre los Papeles del Pentágono y la obligación de control al poder que debe ejercer la prensa en una democracia.

Mucho antes que WikiLeaks, Snowden, Panamá, Paradise o incluso Watergate, la era de las filtraciones con decisivas repercusiones políticas en Estados Unidos arrancó con la saga de los Papeles del Pentágono. Daniel Ellsberg –etiquetado como “el hombre más peligroso en América” por el entonces consejero de Seguridad nacional Henry Kissinger– filtró a la prensa en 1971 una enciclopédica cantidad de documentos secretos sobre la gradual y subrepticia implicación de Estados Unidos en Vietnam.

Esa historia interna del Departamento de Defensa, que abarcaba entre 1945 y 1967, era también una prueba fehaciente sobre hasta qué punto la tragedia y el desastre de la guerra de Vietnam estuvieron cimentados en grandes mentiras por parte del gobierno de Estados Unidos. Medio siglo después, la última película de Steven Spielberg, The Post, aborda una fracción de ese pulso entre el secretismo gubernamental y la libertad de prensa. Todo un dilema especialmente relevante en nuestros días porque sirve para recordar la fundamental y permanente obligación de control al poder que debe ejercer la prensa en una democracia.

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Imagen: Daniel Ellsberg at the Los Angeles courthouse, 1973; Anthony Russo and Patricia Ellsberg to his right. (AP photos)

Pentagon Papers

El título oficial de los llamados Papeles del Pentágono es United States-Vietnam Relations, 1945-1967: A Study Prepared by the Department of Defense. Se trataba de un análisis tan enciclopédico como top-secret sobre la implicación diplomática y militar en Vietnam por parte de sucesivos gobiernos de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El estudio, redactado con la ayuda una task force compuesta por más de treinta especialistas, había sido ordenado en el verano de 1967 por el cerebral Robert S. McNamara, secretario de Defensa durante las Administraciones de JFK y LBJ.

El trabajo resultante ocupaba más de 7.000 páginas repartidas en 47 volúmenes y abarcaba desde las Administraciones de Harry Truman a Lyndon Johnson. Entre los múltiples autores del trabajo figuraba un joven analista llamado Daniel Ellsberg. Entre otras cosas, esta historia oficial demostraba que el presidente Johnson forzó (si es que no se lo inventó) el casus belli utilizado para la escalada militar de Estados Unidos: un supuesto ataque contra buques de la Navy por parte de lanchas rápidas de Vietnam del Norte.

Como resultado, el Congreso en Washington aprobó la conocida como resolución del Golfo de Tonkin del 10 de agosto de 1964. Ese pronunciamiento genérico de las dos Cámaras, muy lejos de una declaración formal de guerra, permitiría a la Casa Blanca iniciar una abierta escalada de operaciones militares en el sudeste asiático, incluyendo el despliegue de efectivos terrestres en Vietnam.

El estudio top-secret servía para demostrar hasta qué punto el ejecutivo de Estados Unidos mintió a la opinión pública y al Congreso durante el proceso de implicación militar en Vietnam. La saga incluye el visto bueno de la Administración Kennedy al derrocamiento en 1963 del presidente Ngo Dinh Diem de Vietnam del Sur y el despliegue de los primeros asesores militares. Y documenta la verdad sobre bombardeos cada vez más extensos e inútiles y una constante escalada militar entre promesas de poner fin a este conflicto que supone un antes y después en la historia americana, con consecuencias hasta nuestros días. Una guerra que costó la vida de 60.000 soldados de Estados Unidos y más de tres millones de muertos y desparecidos vietnamitas.

Cuarenta años después de su filtración en junio de 1971 y tras un maratón de negociaciones entre una docena de instituciones oficiales, los Papeles del Pentágono fueron desclasificados en 2011 por el gobierno de Estados Unidos. De las 7.800 páginas originales, solamente 11 palabras han permanecido clasificadas (todas ellas supuestamente contenidas en una misma página).

El arquetipo de whistle-blower

De las limitadas copias realizadas, la mayoría guardadas en Washington bajo siete llaves, una colección completa de los Papeles del Pentágono terminó en los archivos de un think tank vinculado a la industria militar americana: RAND Corporation. En su sede de Santa Monica, California, trabajaba como analista Daniel Ellsberg, doctor en Economía por Harvard con una tesis sobre teoría de juegos y oficial durante tres años de los Marines. El patriarca de todos los whistleblowers de Estados Unidos había servido además como analista de confianza del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado, donde tuvo la oportunidad de trabajar en Vietnam.

Su conocimiento de primera mano y su activismo contra lo que estaba ocurriendo en Vietnam llevaron a Ellsberg a utilizar estos documentos como argumento contra la guerra. Un día en 1969, de manera casi inopinada, metió el primer volumen en su cartera, salió de la oficina sin que le revisaran en el control de seguridad y empezó a fotocopiar un total de 7.800 páginas, ayudado por su “co-conspirador” y compañero de trabajo Tony Russo.

Los primeros en tener noticia sobre este material secreto fueron varios senadores en Washington conocidos todos ellos por su oposición a la guerra, empezando por J. William Fulbright, el influyente demócrata de Arkansas que presidia the US Senate Committee on Foreign Relations. La idea inicial de Ellsberg fue intentar divulgar los documentos a través de la Cámara Alta para maximizar su impacto en el languidecido debate político contra la guerra de Vietnam. Sin embargo, Ellsberg no logró convencer a ninguno de los miembros del Senado a los que contactó y optó por recurrir a la prensa, empezando por el New York Times.

Al comenzar a publicarse sus filtraciones, la Administración Nixon enfiló esa fuente confidencial. No solamente se le identificó, sino que se hizo todo lo posible para desacreditarle. Se le intervinieron sus comunicaciones sin orden judicial y se llegó a desvalijar la consulta de su psicoanalista en Los Ángeles para intentar acceder a su historial médico. Con el fin de evitar su detención por parte del FBI, Ellsberg se mantuvo en paradero desconocido durante 16 días pero finalmente, el 28 de junio de 1971, se entregó voluntariamente.

Daniel Ellsberg fue procesado en los tribunales federales por espionaje y conspiración, múltiples cargos que podían acarrear una sentencia de 115 años entre rejas. Ante los abusos de poder perpetrados por la Administración Nixon contra el acusado y una serie de pruebas invalidadas por haber sido obtenidas a través de medios ilegales, las acusaciones terminaron siendo retiradas dos años después de la publicación de los Papeles del Pentágono. Y Ellsberg, como hiperactivo objetor de conciencia, terminaría dedicando toda su vida a esta cruzada personal contra la guerra como instrumento de la política exterior de Estados Unidos.

The New York Times

Entre los grandes periódicos de Estados Unidos, Daniel Ellsberg facilitó sus documentos al New York Times. Concretamente a través del periodista Neil Sheehan, un veterano especialista en Vietnam. Para proceder a su publicación, el primer y principal escollo a superar fue el propio editor del periódico, Arthur “Punch” Sulzberger Sr., especialmente reluctante ante el riesgo de poner en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos o multiplicar las dificultades a las que se enfrentaban las tropas americanas desplegadas en Vietnam.

Un grupo de los mejores periodistas del diario empezó a desbrozar y contextualizar la ingente cantidad de documentos facilitada por Ellsberg. Para preservar la confidencialidad de sus contenidos llegaron a improvisar fuera de la redacción del New York Times su propia sala de trabajo en un hotel de Manhattan, el Hilton Midtown, Tras publicar el 13 de junio de 1971 la primera parte de una serie prevista en nueve entregas, la Administración Nixon a través del fiscal general John Mitchell formuló un apercibimiento voluntario. Ante la insistencia del Times, la Casa Blanca consiguió en 48 horas una orden temporal del recién nombrado juez federal Murray I. Gurfein para impedir la publicación de los Papeles del Pentágono. Tras recibir el amparo del Tribunal Supremo de Estados Unidos, el Times completó su serie y al año siguiente recibió el premio Pulitzer por su meritorio servicio público.

El Times publicó la primera entrega bajo el aséptico titular en cuerpo 24 y a cuatro columnas: Vietnam Archive: Pentagon Study Traces 3 Decades of Growing U.S. Involvement. La exclusiva compartió la primera página junto a una fotografía del presidente Nixon con su hija mayor Tricia. En una llamada telefónica al mediodía del 13 de junio, Nixon habló con uno de sus ayudantes en el Consejo de Seguridad Nacional, Alexander Haig. El presidente le preguntó por el número de bajas en Vietnam y si había sucedido algo significativo en el mundo. A lo que el general respondió: “El maldito New York Times ha revelado uno de los documentos más secretos de la guerra”. Con sorpresa, Nixon respondió: “Oh, ¿eso? Ya veo. No he leído la historia, pero ¿me dices que ha sido filtrado desde el Pentágono?”.

En una escalada de ira tras la divulgación de los Papeles del Pentágono, reflejada en sus propias grabaciones de conversaciones en el despacho oval, Nixon terminó por creerse que esta filtración fue parte de una conspiración dirigida contra su presidencia.

SCOTUS y la Primera Enmienda

Como todos los grandes problemas que genera la democracia americana, esta destacada batalla del siglo XX entre el secretismo gubernamental y la libertad de prensa no tardó más de dos semanas en llegar hasta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos (SCOTUS). En la sentencia resultante, adoptada por seis votos a favor y tres en contra, la máxima instancia judicial ratificó tanto el derecho del público a ser informado como el derecho de la prensa libre a divulgar ese conocimiento.

En la acelerada jurisprudencia establecida en el caso New York Times Co. v. United States, el Tribunal Supremo permitió a ese periódico y a otros reanudar la publicación de los Papeles del Pentágono a finales de junio de 1971. Además, SCOTUS afirmó la existencia de límites al privilegio ejecutivo reclamado por el presidente Nixon, especialmente cuando ese privilegio colisiona con el derecho del público a saber.

Con esta decisión, la Corte Suprema también puso en valor la Primera Enmienda de la Constitución, que desde el arranque de su historia ha garantizado la libertad de prensa en Estados Unidos. Según la decisiva opinión del magistrado Hugo Black: “En la Primera Enmienda, los Padres Fundadores dieron a la prensa libre la protección debida para cumplir con su papel esencial en nuestra democracia. La prensa debía servir a los gobernados, no a los gobernantes. El poder del Gobierno de censurar la prensa fue abolido para que la prensa permaneciese para siempre libre para censurar al Gobierno. La prensa debía protegerse para que pudiera exponer los secretos de gobierno e informar al pueblo. Solamente una prensa libre y sin trabas puede efectivamente revelar la falsedad en gobierno. Y primordial entre las responsabilidades de una prensa libre es el deber de impedir que cualquier parte del gobierno engañe al pueblo y les mande a tierras distantes a morir por fiebres ajenas y disparos y bombardeos ajenos”.

En su opinión concurrente, el magistrado Potter Stewart también argumentó: “En la ausencia de controles y contrapesos gubernamentales presentes en otras áreas de nuestra vida pública, el único freno efectivo contra la normativa y el poder ejecutivo en las áreas de defensa nacional y asuntos internacionales puede recaer en una ciudadanía ilustrada – en una opinión pública informada y crítica que solamente puede aquí proteger los valores de un gobierno democrático. Por esa razón, es quizá aquí que una prensa que esté alerta, consciente y libre sirva de forma más vital el propósito fundamental de la Primera Enmienda. Porque sin una prensa libre e informada, no puede haber un pueblo ilustrado”.

The Washington Post

Ante los impedimentos planteados por la Administración Nixon contra el New York Times, la reacción de Daniel Ellsberg fue facilitar copias adicionales de los Papeles del Pentágono al Washington Post y otros 17 periódicos de Estados Unidos. La película The Post, estrenada en España con un doblaje atroz y bajo el título “Los Archivos del Pentágono”, se centra precisamente en esta parte del pulso planteado por Ellsberg.

Katharine Grahan, en el verano de 1971, llevaba ocho años como responsable empresarial del Washington Post, tras el suicidio de su marido. Minusvalorada y cuestionada en un mundo corporativo entonces sin mujeres, una de sus decisiones fundamentales como editora fue contratar como director del diario a Ben Bradlee, hasta entonces responsable de la redacción en Washington del semanario Newsweek. La decisiva colaboración entre la señora Grahan y Bradlee fue puesta a prueba cuando, por orden judicial, el New York Times tuvo que dejar de publicar sus informaciones sobre los Papeles del Pentágono.

El empeño por tomar el relevo del Times colocó a la empresa familiar del Washington Post en una delicada posición. Ya que la previsible batalla legal coincidió con los planes de la señora Graham para capitalizar a su compañía en bolsa con una oferta de acciones por valor de 35 millones de dólares. Unos planes de expansión financiera que podían malograrse por repercusiones penales, una prolongada batalla en el Supremo o las presiones de la Administración Nixon sobre las licencias de televisión de la compañía, valoradas entonces en 100 millones de dólares.

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Imagen: Katharine Graham and Washington Post Executive Editor Ben Bradlee celebrate court permitting publication of the Pentagon Papers. (AP photos)

La famosa imagen de la señora Graham y Ben Bradlee sonriendo delante de los tribunales federales en Washington, coincide con la decisión judicial de no interferir en su publicación de los documentos filtrados por Ellsberg. Con todo, el New York Times no ha podido ocultar sus celos y recelos porque la película de Spielberg se centra exclusivamente en la parte del caso protagonizada por el Post. Un reciente artículo cita a Neil Sheehan, el principal reportero del New York Times ahora con 81 años, insistiendo en que el editor Sulzberger Sr. “fue absolutamente heroico al publicar los Papeles del Pentágono. Hubo un procedente para Kay Graham. “Punch” no tenía precedente”.

De hecho, el Times acaba de publicar una edición actualizada de su libro recopilatorio The Pentagon Papers: The Secret History of the Vietnam War. En la típica cita de portada (blurb) se anuncia: “La más significativa filtración de material clasificado en la historia americana, según el Washington Post”.

El link con Watergate

Los Papeles del Pentágono se pueden entender como un preludio del caso Watergate, que terminaría costando la presidencia a Richard Nixon. Para desacreditar a Ellsberg, la Casa Blanca creó una unidad de plumbers, con la metafórica misión de “taponar” las filtraciones de información confidencial. Con este fin, los fontaneros no actuaron precisamente dentro la ley al utilizar toda clase de dirty tricks, como intentar hacerse con el historial psiquiátrico de Ellsberg.

Estos mismos fontaneros y estos mismos trucos sucios se emplearon en la legendaria intrusión en la sede del Comité Nacional Demócrata (DNC), durante la noche del 17 de junio de 1972. Suceso que desencadenó la investigación periodística del Washington Post, a cargo de Bob Woodward y Carl Bernstein. WoodStein, la pareja más famosa del periodismo americano, contó también con la inestimable ayuda de su correspondiente “garganta profunda” confidencial: Mark Felt, cuya identidad terminaría siendo desvelada por Vanity Fair.

En última instancia, los Papeles del Pentágono alimentaron la visión paranoica de Nixon, que se pensaba rodeado de enemigos dispuestos a hacer todo lo posible para desacreditar y frustrar su presidencia. Además de abrir una fractura sin retorno en el credibility gap de las instituciones políticas de Estados Unidos. Al final, los abusos perpetrados primero contra Daniel Ellsberg y después durante la saga de Watergate, son los que terminarían forzando la dimisión el 9 de agosto de 1974 del trigésimo séptimo presidente de Estados Unidos.

En ambos casos, periodistas respaldados por sus empresas fueron capaces de utilizar documentos oficiales y fuentes confidenciales para dejar en evidencia un contumaz modus operandi de abuso de poder por parte de la Administración Nixon. Y periódicos fuertes, pudieron publicar todas estas historias.

Referencias

Daly, C. (2012). Covering America: A Narrative History of a Nation´s Journalism. Boston, USA: University of Massachusetts Press.

Ehrlich, J & Goldsmith, R, J. E. (Directors). (2009). The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers [Documentary-DVD]. USA.

Emery, M., Emery, E. & Roberts, N. (2000). The Press and America: An Interpretive History of the Mass Media. Chapel Hill, US: Allyn & Bacon (Pearson).

Folkerts, J., Teeter, D. & Caudill, E. (2009). Voices of a Nation: A History of Mass Media in the United States. Boston, USA: Pearson.

Stone, G. R. (2004). Perilous Times: Free Speech in Wartime-From the Sedition Act of 1798 to the War on Terrorism. New York: Norton.

Streitmatter, R. (2012). Mightier than the Sword: How the News Media have Shaped American History. Boulder, USA: Westview Press.

Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez es profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fulbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.
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Pedro Rodríguez
Pedro Rodríguez es profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE. Colaborador docente e investigador del Centro Universitario Villanueva, del Máster ABC-UCM y del Instituto Franklin. Como periodista, ha desempeñado durante veinte años la corresponsalía del diario ABC en Washington. Ahora es columnista de Internacional y analista para diferentes medios audiovisuales. Premio extraordinario fin de carrera, becario Fulbright y Máster en International Relations and Mass Media por la Universidad de Georgetown, su tesis doctoral está dedicada a la comunicación política de la Casa Blanca.

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