En Hollywood también se come pavo

En Hollywood también se come pavo

Aquel día de 1910, cuando David Wark Griffith (1875-1948) -considerado el padre del Hollywood moderno- terminó de filmar su cortometraje In Old California, nadie podía imaginar que ese pequeño suburbio de Los Ángeles se convertiría en una auténtica usina cultural de los Estados Unidos: una fábrica de sueños a medida que darían forma a la imagen que el mundo tiene del gran país del norte. En sus casi 110 años de existencia, la industria cinematográfica hollywoodense reflejó todos los hechos históricos conocidos, dio vida a infinidad de personajes legendarios y creó historias que hoy son parte del acervo cultural mundial. Así las cosas, y teniendo en cuenta que Hollywood hizo especial hincapié en cuestiones expresamente estadounidenses -como la conquista del Oeste, la participación de Estados Unidos en diversos conflictos bélicos y el american way of life- una festividad como el Thanksgiving (el Día de Acción de Gracias) no podía estar fuera de las fantasías nacidas del celuloide.

Ajena para el público europeo en general (e hispanohablante en particular), esta tradicional fiesta estadounidense hunde sus raíces (nunca mejor dicho) en las ancestrales ceremonias paganas de agradecimiento a los dioses por las buenas cosechas. Convertido en día festivo nacional por el presidente Abraham Lincoln en 1863, existen numerosas películas de todos los géneros (sin olvidar cientos de especiales televisivos) cuya trama se desarrolla durante esas fechas de noviembre, cuando las familias se reúnen para agradecer lo recibido y engullir un tradicional pavo al horno en un ejemplo más del sincretismo “religión teológica-religión civil” clásico de los Estados Unidos.

A lo largo del siglo XX, decenas de películas utilizaron el Día de Acción de Gracias como escenario de las más diversas historias, enmarcadas en otros tantos géneros. La arquetípica imagen de la familia reunida en torno al pavo -con el pater familias cuchillo en mano- aparece en filmes tan disímiles como Esencia de mujer (Scent of a Woman, Martin Brest, 1992), Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959) o La quimera del oro (The Gold Rush, Charles Chaplin, 1925). Eli Roth, uno de los directores más interesantes del cine de terror contemporáneo, incluyó un falso tráiler en Grindhouse (Grindhouse, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, 2007). La película promocionada era -precisamente- Acción de Gracias (Thanksgiving), largometraje slasher protagonizado por Michael Biehn.

Las “películas de Acción de Gracias” conforman un subgénero que llegó, incluso, a las caricaturas animadas: es el caso, por ejemplo, de Acción de Gracias con Charlie Brown (A Charlie Brown Thanksgiving, Bill Melendez y Phil Roman, 1973), cortometraje animado donde los personajes de Peanuts (Charlie Brown y Snoopy, junto a sus amigos Linus, Woodstock y Peppermint Patty) deciden organizar una cena de Acción de Gracias. El propio Phil Roman -ya en solitario- repitió el esquema con la divertida Acción de Gracias por Garfield (Garfield’s Thanksgiving, Phil Roman, 1989); en este caso, el corrosivo y glotón Garfield se somete a una dieta por indicación de su veterinaria quien, a la sazón, es la novia de su amo Jon. Esta escueta enumeración de películas animadas debe incluir Vaya pavos (Free Birds, Jimmy Hayward, 2013), fallida producción de Reel FX en la que dos pavos viajan en el tiempo para cambiar el curso de la historia y evitar que el Día de Acción de Gracias exista.

La comedia no quedó al margen del asunto: Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains & Automobiles, John Hughes, 1987), un subestimado filme clásico de los ’80, narra -en uno tono que conjuga magistralmente la risa y la melancolía- las peripecias de una improbable dupla (sensacionales Steve Martin y John Candy), quienes deben llegar a tiempo para celebrar el Día de Acción de Gracias con sus respectivas familias. Un año antes, Woody Allen había dirigido Hannah y sus hermanas (Hannah and her Sisters, Woody Allen, 1986), uno de sus clásicos indestructibles que utiliza el Día de Acción de Gracias (en dos años distintos) como telón de fondo para describir las pujas internas de una familia estadounidense.

En el plano histórico de época, no debemos soslayar obras como Avalon (Avalon, Barry Levinson, 1990), clásica historia de inmigrantes llegados a la Tierra Prometida estadounidense a principios del siglo XX. En este caso, el Día de Acción de Gracias sirve como confirmación del vínculo existencial de una familia polaca-judía con su nuevo hogar.

Ni siquiera el cine gore quedó ajeno a la cuestión: Fenómenos sangrientos (Blood Freak, Brad F. Grinter y Steve Hawkes, 1972) cuenta la historia de un científico loco que crea un pavo gigante con la intención de asesinar narcotraficantes (sic). En la inefable Thankskilling (no estrenada en España, Jordan Downey, 2009), un pavo monstruoso degüella colegiales a hachazo limpio durante un Día de Acción de Gracias sangriento.

En definitiva y como conclusión, podemos afirmar que hablar del Día de Acción de Gracias es hablar de un fenómeno cultural que, al igual que Halloween o la Navidad, impregna e impregnará la industria cinematográfica estadounidense durante años.

 

Escrito por Eduardo Fort (@EddieFort), estudiante de doctorado en Estudios Norteamericanos del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Políticas por las Universidad Complutense de Madrid. Originario de Buenos Aires y apasionado de la cultura estadounidense en general y del cine, literatura y cultura popular en particular. 

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