El silencio elocuente de la naturaleza

El silencio elocuente de la naturaleza

«You could cut off my hand, and I would still live… You could take out my eyes, and I would still live… Take away the sun, and I die. Take away the plants and animals, and I die. So why should I think my body is more a part of me than the sun and the earth?” (K.D. Moore).

A principios de este año, me encontraba con mi familia en uno de los senderos de las montañas Apalaches que recorren el estado de Virginia, en el Shenandoa National Park. Decidimos, por segunda vez, hacer esta excursión en pleno invierno  ̶ a pesar del frío que nos congelaba hasta los huesos ̶  para contemplar la naturaleza en un estado más puro, o wilderness.

Es increíble ver el país de contrastes que es Estados Unidos, aunque, ni siquiera es esta nación, sino todos los países. Por una parte, conserva en sus parques nacionales unas grandes áreas naturales, pero, por otro lado, es un contaminador de su mismo territorio. Una de las razones de este comportamiento, según la perspectiva de algunos ecocríticos como Peter Wenz, Lynn White Jr., y James C. McKusick y Lawrence Buell, entre otros, es que, la tradición occidental, influenciada desde hace siglos por la cultura cristiana, ha interpretado los relatos de la creación del mundo del libro bíblico del Génesis, a través de lo que se ha denominado the master interpretation, es decir, que la naturaleza fue creada para estar al servicio del hombre y la mujer, no porque tuviera un fin en sí misma, sino porque el ser humano es su dominador y puede modificarla a su antojo.

Por tal motivo, no hemos interconectado y empatizado lo suficiente con la naturaleza, ya que nos comportamos como sus dominadores y no como parte de esa gran “biota” que está entrelazada en una interconexión profunda, y la empatía es fundamental en la crítica literaria ecológica, para poder escuchar a la naturaleza en sí misma y no antropomorfizarla o domesticarla…

Estos eran mis pensamientos mientras subíamos por esas montañas y bosques misteriosos, espesos y umbrosos, aún estando desprovistos de sus hojas por el invierno. Recorrimos uno de los caminos en medio de la montaña hasta la cima y, al contemplar el valle que a lo lejos veían mis ojos, sentir el viento fuerte que me zarandeaba, y mirar a los árboles que me rodeaban, me sentí vulnerable ante esa naturaleza que era más fuerte que yo, pude compenetrarme con la naturaleza. Esta conexión se estableció cuando percibí que el viento calmó, los árboles dejaron de mover sus ramas, los pájaros no cantaban, puesto que estaban resguardados en sus nidos, y no habían pisadas de humanos que pudieran alterar esa indescriptible comunicación silenciosa y, allí escuché el silencio de la naturaleza y me sentí totalmente en paz. Recordé entonces el cuento Vaster than Empires but More Slow, de la autora estadounidense Ursula K. Le Guin, que narraba cómo la naturaleza propia, de un mundo sin colonizar por los humanos, sentía miedo de sus nuevos moradores, porque percibía que no venían a conectarse con ella, sino a estudiar cómo podían aprovechar para su propio beneficio los nuevos recursos que encontraran. A su vez, los colonizadores estaban aterrados porque no podían descifrar esa nueva forma de vida que se les mostraba como una gran red en permanente comunicación. Al final, solo permaneció en este nuevo mundo, quien superó su miedo y empatizó con esa biota que le gritaba y lo aturdía en medio de un silencio perturbador, pero que a la vez le daba una profunda serenidad.

Los estudios ecocríticos se enfocan principalmente en esa relación entre la literatura y el medio ambiente. Buscan que, a partir de la investigación, pero también de la educación se pueda concientizar al ser humano de que no es el dominador de la creación, sino que hace parte de ella. Tal y como lo expresa Wenz, el objetivo es crear la conciencia de lo que denomina citizenship interpretation, es decir, que la gente se descubra como miembro y ciudadano del ecosistema que habita, para tener una convivencia positiva con su entorno natural.  La ecocrítica norteamericana lentamente se ha extendido por otros países. En España, el grupo de investigación GIECO liderado por el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, ha impulsado las humanidades ambientales. A partir del ensayo sobre la naturaleza (nature writing), se quiere concientizar de la necesidad no solo de cuidar los recursos, sino de comprender la importancia de la naturaleza en estado de libertad y sin modificaciones por parte del ser humano (wilderness). Por tanto, la crítica literaria ecológica es una teoría multidisciplinaria que conjuga el conocimiento con la práctica a favor del medio ambiente. El ecocrítico no solo estudia a la naturaleza en la literatura, sino que es consciente de la necesidad de empatizar con ella. Es una ardua tarea que nos interpela a todos.

 

Escrito por Natacha Ramírez (naramirez@uco.edu.co), Investigadora visitante en el Instituto Franklin-UAH. Colaboradora del Grupo de Investigación GIECO del Instituto Franklin-UAH. Docente de la Universidad Católica de Oriente, Rionegro y  candidata a Doctora en Literatura de la Universidad de Antioquia, Colombia. 

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El Instituto Franklin-UAH cuenta con una serie de investigadores y especialistas relacionados con los Estudios Norteamericanos

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