Niños en la frontera

La pequeña ciudad transfronteriza de Nogales es un ejemplo de la tragedia de cientos de menores indocumentados, que esperan la llegada de su propio “Dream Act”.

A principios del pasado mes un estudio del Pew Research Center reflejaba que la inmigración no representa el tema de mayor preocupación para las comunidades hispanas en Estados Unidos –solo un 34% de los encuestados considera la inmigración como el tema más importante–, a pesar de las más de 3 millones de deportaciones ejecutadas por la Administración Obama desde 2004. De acuerdo con el informe, los hispanos darían mayor importancia a la Educación (55%) y a la Economía (54%). Sin embargo, la tragedia migratoria en la frontera sur de los Estados Unidos es uno de los temas más recurrentes que llegan al espectro internacional. Sobre todo después de los distintos episodios en los que los niños indocumentados se han convertido en los últimos protagonistas de la situación. Se trata de niños procedentes mayoritariamente de países de Centroamérica que son enviados en solitario huyendo de la violencia y miseria de sus países con objeto de perseguir su sueño americano.

El país se centra internamente en un debate de descontento ante la llegada de los diez mil menores inmigrantes y sin papeles. Esta oleada masiva podría haber derivado de la medida de la administración Obama de “acción diferida” (DACA), en la que se suspendía de forma temporal las deportaciones de jóvenes indocumentados y que ha generado controversia en Washington entre demócratas y republicanos, por un lado, y también entre la comunidad hispana y la administración demócrata. Es más, seis de cada diez ciudadanos estadounidenses no están contentos con la gestión de la situación y un 58% de los hispanos se ha declarado en contra de las medidas tomadas por Obama, de acuerdo con la encuesta realizada por The Washington Post y ABC News.

También el Papa Francisco se ha manifestado al respecto abogando por la solidaridad y, a través del Vaticano, por la protección a los menores como primera medida de atajar la crisis humanitaria. Asociaciones de hispanos cuestionan al presidente el hecho de que haya impulsado medidas para documentar a más de 11 millones de hispanos, pero que no esté dando una solución al desamparo de los niños. Las declaraciones de Obama en las que expresaba que los niños no tendrían permiso de residencia ni aplazamientos podrían también haber motivado este llamamiento para que la comunidad internacional encuentre una solución.

En estados como el de Arizona la inmigración forma parte del día a día de sus ciudadanos, sobre todo en estos días. Según califican las autoridades de la frontera, se trata de una oleada migratoria sin precedentes ya que incluye familias enteras y niños. En concreto, desde hace un par de semanas, el drama gira en torno a la ciudad arizoniana de Nogales, localidad transfronteriza con versión estadounidense y mexicana. Para llegar a EE.UU., solo necesitan superar 20 metros para cruzar la frontera, aunque llenos de sensores, coches patrulla y cámaras. Después de esto podrían ser sorprendidos en las próximas 40 millas de territorio estadounidense que vigilan los agentes. En el caso de que su español les delate serán detenidos. Una cifra que asciende a los 30 jóvenes diarios. Por ello, se ha creado un centro de detención para jóvenes inmigrantes indocumentados, un antiguo almacén que puede dar cabida a unos 1.500 niños al mismo tiempo en condiciones infrahumanas mientras que esperan a ver qué será de sus vidas. Nogales se ha convertido en icono de la problemática que necesita de forma urgente una misión humanitaria, más allá de la solidaridad mostrada por los vecinos de la localidad. Esto podría evitar un mal mayor pues de acuerdo con algunos policías de la zona ya se han encontrado en la ciudad algunos miembros de la banda MS-13 –siglas de la organización internacional “Mara Salvatrucha” formada por bandas de criminales procedentes en su mayoría de países centroamericanos– que pretenden utilizar el lugar como base para ayudar a otros miembros de la banda a cruzar la frontera.

Quizá ahora, próximos a las elecciones del Mid-term, les llegue a estos niños su nueva versión del “Dream Act” porque ni la presión internacional puede más que la presión electoral.

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