¿La rifa del tigre o la gran oportunidad política?

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Al sur del Río Grande, hay un proverbio muy común del argot político que dice: “se ha sacado la rifa del tigre”, y que se suele utilizar cuando las responsabilidades de un cargo público son más complicadas de lo habitual, implicando al gobernante en desafíos indeseados y a primera vista difíciles de resolver, tal como lo sería obtener un tigre como premio sorpresa después de comprar un billete de lotería. Esta situación ilustra perfectamente a los seis primeros meses de la vicepresidencia de Kamala Harris, pues desde que fuera investida con amplio entusiasmo, parece que la vicepresidenta “se sacó la rifa del tigre”.

En la historia política contemporánea de Estados Unidos los vicepresidentes se han convertido en políticos con mayores atribuciones, compartiendo el poder ejecutivo con el presidente y logrando mayor visibilidad en las arenas públicas nacionales e internacionales. Kamala Harris no ha sido la excepción.

Desde su candidatura, Harris fue elegida para inyectar vitalidad a la fórmula demócrata y para movilizar a votantes que no se identificaban con Joe Biden, como lo son las minorías raciales y los jóvenes progresistas. Su momentum político lo alcanzó cuando rompió varios techos de cristal para convertirse en la primera mujer a la cabeza de la segunda oficina gubernamental más alta del país -la vicepresidencia- y de facto pasar a ser la presidenta del Senado. Sin embargo, inmediatamente después comenzó un escrutinio nacional e internacional más estricto sobre su trabajo.

Una de las primeras misiones que el presidente Biden encomendó a Kamala Harris fue ponerse al frente de los esfuerzos para controlar la crisis migratoria en la frontera con México. Para poner en perspectiva la complejidad de esta misión, basta con mencionar que la última reforma migratoria en el país norteamericano data de 1986, que desde el 2001 y durante cada legislatura se han introducido cada año sin éxito iniciativas de ley para regularizar a los Dreamers y que la migración indocumentada es considerada como uno de los tópicos más divisivos en la arena política nacional.

Así, Kamala Harris se comprometió a trabajar para combatir las causas profundas de la migración proveniente del Triángulo Norte de Centroamérica. El problema es que ese flujo migratorio tiene sus raíces imbricadas en las desigualdades, la pobreza, la violencia y la debilidad institucional de los gobiernos nacionales. Ninguno de estos problemas tiene una solución viable a corto plazo y la diversidad de perfiles que confluyen en el flujo migratorio que desborda al deficiente sistema migratorio estadunidense complica aún más la tarea para Harris.

La segunda gran misión que se encomendó a la vicepresidenta Kamala Harris la sitúa en otro gran laberinto, el garantizar los derechos electorales para las minorías de ese país. Esta tarea resulta complicada si se toma en cuenta que en 43 estados del país se han presentado iniciativas de ley para restringir la emisión del voto.

La ley de derecho al voto de 1965 fue un parteaguas para expandir y evitar la supresión de los votos de las minorías en un país en donde los derechos ciudadanos han sido un privilegio de unos cuantos. Para la segunda década del siglo XXI los mecanismos de supresión del voto se han matizado, pero persisten. Dinámicas como la emisión tardía de identificaciones, el retraso de boletas en el sistema postal, restricciones como periodos mínimos de ciudadanía y otras prácticas destinadas a mantener a grupos disidentes alejados de las urnas persisten. Parece complicado que un sistema federal con limitado control sobre la política electoral, la vicepresidenta Harris pueda hacer algo más que campañas informativas y de concientización.

La gran interrogante, a seis meses de la investidura de Kamala Harris como vicepresidente es si podrá superar los complicados retos políticos que se le han puesto enfrente y permanecer como presidenciable en el futuro a mediano y largo plazo. ¿Podrá Kamala Harris, la mujer que se enfrentó al sistema judicial de California y a los banqueros de Wall Street, hacer frente a los impopulares y difíciles retos de política doméstica e internacional que el presidente Joe Biden le ha puesto sobre la espalda?


Escrito por Estefanía Cruz Lera, PhD in Politics, Policy and International Relations, Research Fellow, Center for Research on North America (CISAN), National Autonomous University of Mexico (UNAM).

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