La nuit américaine

Las relaciones entre Francia y los Estados Unidos han estado marcadas por una cordialidad histórica que se perdió con la Guerra de Irak en 2003. La visita de François Hollande a Estados Unidos ha servido para demostrar que ambos países han dado por zanjado el conflicto. El presidente francés ha buscado reforzar la imagen de Francia no solo como líder mundial, sino también en los mercados internacionales.  

Los niños estadounidenses aprenden en sus clases de historia que la nación que socorrió a las trece colonias en su lucha contra la tiranía británica y que les ayudó a librarse del yugo al que les tenía sometido el malvado rey Jorge III fue Francia; de la ayuda prestada por el Reino de España nada se estudia, lamentablemente. Desde la independencia de los Estados Unidos se cimentó una relación de amistad entre ambos países que ha llegado a rivalizar incluso con la ‘relación especial’ que británicos y norteamericanos han mantenido a lo largo de los últimos siglos. No es extraño, pues, que en su visita a EE.UU., el presidente francés, Françoise Hollande, acompañado por Obama, visitara la casa y rindiera honores a quien, en muchos aspectos, es considerado como el padre ideológico de ambas repúblicas, Thomas Jefferson. La visita de los dos líderes a Monticello, Virginia, ha sido la escenificación de que las relaciones diplomáticas entre Francia y los Estados Unidos vuelven por los derroteros de comienzos del XIX.

Lejos parecen quedar los desencuentros entre ambos países a raíz de la intervención americana en Irak a comienzos del presente siglo. El pasado 10 de febrero, por ejemplo, en una publicación conjunta en Le Monde y en el Washington Post, Obama y Hollande renovaban los votos de esa relación histórica entre los dos países atlánticos. En el comunicado, los presidentes recalcaban los acuerdos alcanzados para realizar un exhaustivo control del programa nuclear iraní. Señalaban como logro del liderazgo franco-americano la eliminación de las armas químicas utilizadas en Siria. Mostraban cómo la colaboración entre las dos administraciones había permitido que en Somalia y Malí se hiciera retroceder a Al Qaeda. Y apuntaban, finalmente, que en la República Centroafricana, Estados Unidos y Francia, junto a la Unión Africana, estaban trabajando en establecer el diálogo y la reconciliación necesaria para conseguir una verdadera transición democrática.

La  visita de Hollande no ha buscado solo restablecer las relaciones políticas, sino también incrementar las comerciales. La agenda del presidente Hollande le llevaba a visitar San Francisco y Silicon Valley, donde mantuvo encuentros con altos ejecutivos de empresas tecnológicas, entre las que destacaban los gigantes de internet Mozilla, Facebook, Google o Twitter – curiosamente, estas empresas han sido objeto de crítica por parte de Hollande por cuestiones derivadas de la protección de datos o por sus políticas de ‘optimización fiscal.’ Hollande ha vendido Francia como un mercado abierto al capital extranjero y apetecible a la hora de invertir. El presidente francés ha tenido que hacer patria, pues no en vano, Francia, en caso de firmarse el acuerdo de libre comercio entre los EUA y la UE, sería de los grandes países europeos el más perjudicado. Hollande quiere evitar desde ya su propia ‘noche americana.’

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