El fin de la detente

El mundo ha cambiado, dijo el presidente Obama en su discurso sobre el Estado de la Unión en enero de 2012 , y el liderazgo de Estados Unidos debe adaptarse a esta situación. Pero, ¿había sido efectiva, de acuerdo a los nuevos acontecimientos internacionales, la estrategia de distensión diseñada durante su primer mandato?

Desde un punto de vista realista y, en gran medida, como momento de revisión estratégica, cambio de prioridades y recuperación económica, se parece mucho al planteamiento de la Administración Nixon: por ejemplo, retirada de una guerra impopular y extenuante (Vietnam-Irak); acercamiento a URSS/Rusia (Reset Button); reconocimiento de una tripolaridad (EE.UU.-URSS-RPC)-multipolaridad (EE.UU.-UE-China-Rusia-India, BRICS, G-20); recuperación de la iniciativa diplomática en desarme (SALT-START-NPT); cambio de modelo económico (Bretton Woods/QE-TPP-TTIP). La estrategia de seguridad nacional de 2010 planteaba este modelo de Distensión y de Doctrina Nixon/Obama, pero este modelo ha terminado. Como aquel, finalizó con dos hechos claves: la caída del Sha en Oriente Medio y la invasión de Afganistán por la URSS en 1979; hoy con la destrucción del statu quo de Oriente Medio y el conflicto en Ucrania en 2014.

La estrategia de seguridad nacional de 2015, a pesar de los diferentes temas que trata y de publicarse al final de su segundo mandato, establece la misma respuesta que se produjo tras la Distensión, en forma de reconducción y reafirmación del liderazgo de EE.UU.: la Doctrina Carter y el rearme de la era Reagan. Entre otras consideraciones, en la propuesta de presupuesto de Defensa para el FY 2016, el Pentágono en su plan de cinco años establece la inversión de $547 mil millones para 2017, $556 mil millones para 2018, $564 mil millones para 2019 y $570 mil millones para 2020. En este sentido, es el comienzo del aumento del presupuesto de defensa que no se producía desde la Administración Bush. Este incremento incluye los principales programas de modernización nuclear que costarían $348 mil millones en los próximos 10 años: en este sentido da por fracasada la política de desarme y de “Zero Global”.

Desde la visión del orden económico internacional, las iniciativas del TPT y el TTIP son instrumentos regulatorios que realmente establecerían un marco global comercial y de inversión que influiría en el sistema global de tal manera que limitaría cualquier alternativa en marcha por parte de la República popular de China o de los BRICs. Además, en la estrategia de 2015 hay un duro lenguaje hacia Rusia, una clara apuesta por el impulso de la política espacial de EE.UU. y el reforzamiento global de las alianzas de este país. Efectivamente, la reafirmación del liderazgo de EE.UU., que se repite en toda la estrategia es una claro mensaje: America is back!

Escrito por David García Cantalapiedra, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid.

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