España-EE. UU.: unas relaciones cordiales de bajo nivel

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Tras casi un mes desde la toma de posesión de la Administración Biden, el presidente norteamericano no ha contactado aún con su homólogo español como sí ha hecho con sus vecinos canadiense y mexicano o con otros líderes europeos. El primer contacto se ha delegado al secretario de Estado, Anthony Blinken, y su homóloga, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, en una conversación telefónica de rigor y de compromiso institucional. Estados democráticos afines, alianzas históricas, pero con un interés correcto y desequilibrado con poca trascendencia fuera del marco de la Alianza Transatlántica o de la Unión Europea. ¿Es la nueva administración demócrata una oportunidad para una aproximación en las relaciones bilaterales? ¿Realmente España desea una relación especial con la primera potencia?

En este momento las relaciones bilaterales con la superpotencia se basan en cuatro ejes principales: seguridad y defensa, comercio, educación y turismo. Aunque realmente se puede hablar del primero y después de todos los demás, en cuanto a nivel de importancia se refiere por parte de la administración norteamericana.

La seguridad lo es todo

En el plano estratégico y de seguridad España sigue ocupando un lugar prioritario en la relación transatlántica debido a su situación geoestratégica a puertas del Mediterráneo y en el norte de África. Esta relación se materializa, en un análisis inicial y simplista, con el acuerdo de las bases militares de Rota y Morón de la Frontera en la que hay un despliegue amplio de efectivos militares norteamericanos. En mayo del 2021 vence el acuerdo firmado por ambas naciones y se espera que se vuelva a prorrogar con incluso un incremento de los efectivos. Este acuerdo adquiere, si cabe, más protagonismo en un contexto en el que EE. UU., independientemente de la administración republicana o demócrata en el poder, comienza a exigirle a sus socios europeos la inversión del 2 % del PIB para la OTAN. Para esto España asegura contar con un nivel de riesgo de seguridad por la existencia de las bases. Un hecho que el propio Blinken ha agradecido a Laya.

Relacionado con las bases, la propuesta de Marruecos sobre una base militar en el norte de África podría debilitar a medio plazo esta relación privilegiada de España -en caso de que la Administración norteamericana aceptara-. Las relaciones con nuestro vecino marroquí siempre han sido especiales para nuestro amigo americano y esta maniobra diplomática podría hacer sufrir nuestro vínculo directo con los estadounidenses.

La crisis arancelaria se alarga

Las relaciones transatlánticas con el nuevo inquilino de la Casa Blanca han mejorado en cuestión de formas, basadas primordialmente en la diplomacia, y en la visión del mundo, más global y multilateral. Sin embargo, como ya preveíamos desde noviembre, la política exterior estadounidense es en muchas ocasiones una cuestión de estado basadas en el pragmatismo. Sobre todo, cuando son cuestiones que se alejan del plano ideológico.

En el ámbito comercial, la Administración Biden no ha cumplido con las expectativas europeas sobre el levantamiento de aranceles a las exportaciones. Es más, Biden ha declarado que no se modificarán estos aranceles aprobados por la OMC, como árbitro de la negociación. Este hecho afecta directamente a productos españoles como el vino, el aceite o el queso. En definitiva, no se trataba de Trump. Bruselas volverá a incidir en la negociación de los aranceles, pero los productos españoles no serán prioritarios en la negociación. Para España es fundamental mejorar la cuestión arancelaria ya que se trata del primer país receptor de nuestras exportaciones fuera de la UE.

La pandemia agudiza la brecha de otras relaciones. Las restricciones en la movilidad en los países occidentales debido a la pandemia por la COVID-19 no solo profundizan la crisis económica, sino que fomentan la falta de interés por el socio norteamericano en nuestro país. España es el tercer país receptor de estudiantes norteamericanos y uno de los destinos turísticos más escogido por los norteamericanos -datos previos al 2020 y que en este momento no se puede asegurar una fecha para la reactivación-.

En definitiva, España no supone un problema, ni tampoco una oportunidad. Pasa por la indiferencia y el saludo cordial de un pariente lejano con el que es obligado mantener la vinculación. No obstante, sí mantiene una alianza histórica y afín con la superpotencia. Y sobre todo, es un aliado para amenazas externas como puede ser el terrorismo o para enfrentar regímenes no democráticos como Venezuela. España sigue manteniendo una posición y relación especial con Latinoamérica y así lo entiende EE. UU. Blinken se lo ha declarado a Laya y así lo han entendido los distintos mandatarios. Otra cuestión es si España sabrá aprovechar esa posición estratégica de triangulación con Latinoamérica y no solo con Europa -como pide Borell- sino con Estados Unidos. Probablemente, no. Porque esté Trump o Biden, el consenso de tratar las relaciones con EE. UU. como una política de estado en España aún no ha llegado.

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