California: el oasis musical americano

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Suena la evocadora «California Dreamin’» de The Mamas & The Papas en la radio y, de repente, te trasladas casi por arte de magia a la Costa Oeste de Estados Unidos. Cuando arranca el segundo estribillo, atraviesas el ecuador de un viaje mental sin retorno: el sol ilumina tu rostro y, sin saber cómo, visitas los exóticos y vastos paisajes de la zona, quedas deslumbrado por sus admirados Chryslers, casi puedes tocar sus palmeras infinitas y sentir la delicada brisa de Venice Beach sobre el asfalto.

¿Puede un tema musical trasladarnos a cualquier paraíso gracias a un par de acordes? Por supuesto que sí. Y la fascinante California ocupa un lugar destacado entre los destinos más transitados en estas experiencias sensoriales vinculadas a la música.

En algunos casos, California muestra su faceta menos amable y es concebida como espacio de reivindicación u objeto de crítica. Desde una California que expone la decadencia del propio «sueño americano» presente en el tercer trabajo de Eagles (Hotel California, 1976) –el tercer álbum más vendido de la historia en Estados Unidos– a unos Red Hot Chili Peppers (Californication, 1999) igual de críticos y reflexivos sobre las apariencias, la superficialidad y la fama de lugares tan característicos como Hollywood o Los Ángeles.

En otros casos, la sofisticación y el componente más glam invaden el relato. Aquí, el imaginario californiano -elegante universo de amor y traición construido sobre postales de carretera, bosques de secoyas, playas bañadas por el Pacífico y hogueras que iluminan noches de verano- ha inspirado algunas de los mejores trabajos de la historia de la música.

Una experta en la construcción de paisajes sonoros de corte nostálgico pero colorido es la artista y compositora neoyorquina Lana Del Rey. Además de tener, por supuesto, una canción titulada «California», Elizabeth Woolridge Grant -su verdadero nombre- ha explorado una visión melancólica y cinematográfica de Estados Unidos como hilo conductor en la narrativa de su discografía. Un lugar que la artista ha empleado como espacio de sanación y protesta mientras que América arde en un periodo sociopolítico de grandes cambios (en el sentido más literal, la ciudad de Los Ángeles se muestra en llamas en la portada de su quinto disco Norman Fucking Rockwell!, 2019).

Del Rey, ha sido capaz de incorporar a finales de los 2000 el sonido retro y del viejo Hollywood dentro los estándares del pop del siglo XXI y del género musical Americana; la renovación de las músicas tradicionales como el rock, el country, el folk o el blues. Sus letras sobre relaciones y rupturas sentimentales mediante el uso de iconos de la cultura popular americana -en concreto de la Costa Oeste- van siempre de la mano de melodías instrumentales construidas con pianos, acordes de guitarras, baterías y un sin fin de riffs que cobran voz propia con ese efecto de “micrófono barato” marca de la casa.

En «Yosemite» (Chemtrails Over The Country Club, 2021) -con una base de bongos y guitarra española- entona «Winter to spring, spring back to fall. Isn’t it cool how nothing here changes at all?» haciendo referencia al famoso monte situado entre las montañas de Sierra Nevada y en el que su compañero la hace sentir “invencible”.

En esa misma línea, pero más refrescante, se muestra la atmósfera de jazz-funk preciosista llena de guitarras distorsionadas, saxofones y sintetizadores que se encuentra entre las canciones del sólido Women In Music Pt III (2020), el tercer LP del grupo HAIM. Compuesta por Este, Danielle y Alana -tres hermanas originarias de Los Ángeles– la formación encontró en las escenas cotidianas de la vida en California la combinación perfecta para definir su relación de amor/odio con su propia ciudad natal, como ocurre en las magníficas «The Steps», «Up From A Dream» «Summer Girl» o la aclamada road song «Gasoline».

Con un sonido más tradicional, Western Stars, el decimonoveno álbum de estudio de Bruce Springsteen publicado en 2019, también fue gestado particularmente bajo las influencias de los discos pop del sur de California de finales de los 60 y principios de los 70. En él, Springsteen realiza un recorrido por los estados costeros más occidentales del oeste de Estados Unidos, demostrando una vez más que los géneros como el country, el folk y el pop pueden convivir en armonía en el mismo espacio. Al igual que The Boss, otros solistas y grupos -algunos más recientes que otros- se han nutrido de sus experiencias en la Costa Oeste para elaborar sus proyectos musicales; desde Toni Bennett, The Doors, blink-182, U2, Frank Ocean o Childish Gambino entre los cientos más a los que -tristemente- no me dan los caracteres para citar.

Mencionar -por último- que no todo se remite a artistas autóctonos; la reciente fallecida y adorada estrella italiana Raffaella Carrà, la excéntrica canadiense Grimes o el grupo español M-Clan se encuentran entre el dispar y gran abanico de artistas que han titulado uno de sus cortes «California» y en los que han discurrido diferentes estilos y géneros musicales que navegan desde el pop-rock, el jazz, el shoegaze, la electrónica o el trap.

Sin ningún tipo de duda, el estado de California ha inspirado y lo seguirá haciendo a futuras generaciones de artistas capaces de aportar mayor riqueza musical a, como los fans de la música consideramos, este paraje de inspiración divina.

Porque parece ser que -como Lana canta- «It turns out California’s more than just a state of mind».

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